OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

¿Alguna vez alguien te ha dicho, “¡Oh, crece!”? Esta frase a veces se dice de una persona mayor a una persona más joven o, a veces, incluso de un compañero a otro, pero siempre tiene la misma implicación: tu comportamiento revela una falta de madurez y realmente deberías actuar a tu edad. Nadie quiere ser considerado inmaduro. Incluso un niño pequeño se siente ofendido por ser llamado o tratado como un bebé, e insistirá, “¡Yo no soy un bebé!” Todo el mundo quiere ser respetado como maduro en lugar de ser despreciado o ridiculizado por ser inmaduro.

“Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera” (Ef. 4:14). Dios nos dice aquí que es hora de crecer. Es el deseo de Dios que crezcamos y seamos maduros en todos los aspectos de nuestras vidas. Esto es para nuestro propio bien, así como para el bien de La Iglesia de Dios y el testimonio que presentamos a los demás. Pablo dijo, “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, mas cuando ya fuí hombre hecho, dejé lo que era de niño” (1 Co. 13:11). Sí, llega un momento para todos nosotros en el que solo necesitamos “crecer.”

¿Cuál es la solución de Dios para la inmadurez espiritual? Inmediatamente antes de la orden a “no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera” en Efesios 4 nos dice que Dios nos da de su gracia (v.7) y gobierno (vv. 11, 12). Primero es necesario que tengamos una relación personal con Dios, y luego es necesario que pertenezcamos dentro de la seguridad de la estructura que Él nos ha dado aquí en esta tierra.

En el Antiguo Testamento, Dios estableció una forma de gobierno para Su pueblo. Moisés fue instruido por primera vez a “enseña á ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer” (Ex. 18:20). Cada hombre, mujer y niño debía aprender las leyes y los caminos de Dios por sí mismos. No había excusa para la ignorancia, debían saber lo que Dios esperaba de ellos. Lo mismo es cierto para nosotros hoy. Tu relación personal con Dios es importante. No se debe descuidar. No puedes esperar crecer en el Señor y alcanzar la madurez espiritual si tu vida está llena de las cosas mundanas. “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Ga. 6:8). Si llenas tu corazón, mente y tu tiempo con la Palabra de Dios, la voluntad de Dios y con los caminos de Dios, crecerás fuerte y estable, “como el árbol plantado junto a arroyos de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará” (Sal. 1:3).

Además de que el pueblo es responsable de aprender los caminos de Dios personalmente, Moisés también colocó a los hombres como gobernantes sobre miles, cientos, cincuenta y decenas. Estos iban a ser hombres piadosos que tendrían la supervisión de la gente y ayudarían a mantenerlos en el camino correcto. Este es el plan doble de Dios para nosotros hoy también. Junto con la gracia de Dios activa en nuestra propia relación personal con Él, también debemos someternos a los que están sobre nosotros en el Señor. “Obedeced á vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas” (He. 13:17).

Las personas espiritualmente inmaduras luchan por aceptar la instrucción o la corrección de los demás, de la misma manera que un niño puede resentir que lo corrijan. Pero parte de crecer es ser enseñados, corregido e incluso diciplinado si es necesario. Tenemos la gran bendición de tener la protección de la teocracia para ayudarnos a aprender a crecer fuertes y estables. La Palabra de Dios, la Biblia, nos dice que Él ha puesto al ministerio para “perfección de los santos…hasta que todos lleguemos…a un varón perfecto,” un cuerpo maduro y perfecto, lleno de cristianos maduros y perfectos. Dios nos ha dado el ministerio de La Iglesia de Dios para hacer este trabajo, para que, como dice el siguiente versículo, no seamos “niños fluctuantes, y llevados por doquiera.”

Algunas personas quieren tener su propia relación privada con Dios y no rendir cuentas a nadie más. Otros arrojan toda la responsabilidad sobre los ministros o sobre la Iglesia y no invierten nada en conocer, amar y servir a Dios. Cualquier extremo es incorrecto y peligroso. Para aquellos que alcanzarán la madurez espiritual, ambas partes son necesarias. Mantén tu relación personal con Dios viva, sana y activa; y permanece dentro de la seguridad de multitud de consejeros que Dios ha provisto para ayudarnos a todos “crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza” (Ef. 4:15).

Escrito por Rebekah Horne, Líder Regional de la BLV

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