Por Bettie Marlowe, Coordinadora General de la Escuela Dominical

"Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho" (Santiago 1 :25).

"Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos" (Santiago 1 :22).

Solo podemos ser bendecidos como "hacedores del trabajo" si continuamos en la ley perfecta de la libertad, esa es la prueba de la obediencia. Debemos ser hacedores de la Palabra, en primer lugar, dice Santiago, antes de que podamos ser hacedores del trabajo.

"Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrqjan y os persiguen; Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é irifustos. Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿ no hacen también lo mismo los publicanos? Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5:44-48).

La mayoría de las veces, solo leemos el versículo 48 y comenzamos la ardua tarea de ser perfectos. Establecemos nuestros objetivos: "Haré esto y aquello (por dificil que sea), vestirme como conviene a la santidad, dar, visitar, asistir a la escuela dominical regularmente, pagar mi diezmo y ... " Todo esto, Jesús dijo, que debería hacerse. Pero hacer estas cosas no hace que uno sea perfecto. Sin embargo, Dios no nos ordena lo que es imposible. Jesús murió para que pudiéramos ser lo que Dios quiso que fuéramos.

A decir verdad, no podemos hacernos a nosotros mismos • perfectos. Pero Dios nos da la forma en que puede Él hacemos perfectos en los versículos anteriores (Mateo 5:44-47). Él es el único patrón de perfección. Para llegar a ese estado, debemos estar llenos de la naturaleza de Dios, que es el amor. Eso hace que el versículo 48 sea una promesa más que un mandamiento.

Es simple: regresemos a Santiago 1:22 y 25. Jesús dijo: "Aprende de Mí" (Mateo 11:29). No podemos omitir la parte buena.