OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

El Infierno Se Está Moviendo

Edna Rhodes Rye (Pasada Secretaria de la Escuela Dominical) (Originalmente impreso en Joyful News Broadcast en junio de 1948, reimpreso en MAB de mayo 1967, págs. 5-6)

Las lenguas abrasadoras de llamas eternas que ruedan una y otra vez como un mar enojado nunca se satisfacen. En este mismo instante, mientras usted se sienta a darle vuelta a estas páginas, los gritos espeluznantes de sangre atraviesan la horrible oscuridad del infierno. ¡El infierno está en movimiento! Sus despiadadas olas de fuego se extienden hacia adelante, siempre hacia arriba, como la avalancha furiosa de las aguas de las inundaciones que surgen, se agitan, devorando esas almas perdidas que caen en su fondo cada minuto. El burlón hará broma de la palabra infierno, pero en tonos serios Cristo advirtió a los hombres que le temieran a quien podría matar tanto el alma como el cuerpo y arrojarlo al infierno. Y como otra advertencia, Isaías agita la linterna roja del peligro cuando grita en alta voz: “Por eso ensanchó su interior el sepulcro, y sin medida extendió su boca…” (Isaías 5:14).

El infierno se está moviendo, sus llamas saltan hacia adelante, empujándose unas contra otras en su codicioso esfuerzo para torturar a las almas de los condenados que nunca mueren. Torturar, pero no matar, porque el alma no puede morir. El infierno no es una tumba en la que el cuerpo descansa después de la muerte, como el Modernista le haría a usted creer. Isaías tomó su pluma para emitir más información, “El infierno abajo se espantó de ti, te despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte…” (Isaías 14:9).

Según un artículo reciente de un conocido escritor, a dieciséis millas debajo de la superficie de la tierra hay una masa de llamas furiosa y humeantes. Nadie puede declarar sinceramente que esto es el infierno; Sin embargo, a veces nos preguntamos qué hay cerca del corazón de la tierra para causar todos los terremotos, los volcanes, los géiseres hirviendo. Si bien no podemos ubicar el infierno en el mapa, sabemos que existe. Como es algo que no puede ver con los ojos, el Modernista se ríe de su existencia. ¡Qué insensato! ¡Tampoco puede ver la muerte! Ni usted ni yo podemos ver al devorador llamado Muerte, pero ¿Quién dudaría de su poder? El infierno se está moviendo, e incluso mientras el infiel prepara su conferencia sobre la imposibilidad de que exista el infierno, las llamas están saltando y extendiéndose como las llamas de un incendio en la pradera.

No queremos poner en juego nuestras almas en las opiniones de los hombres; mejor llamemos a los escritores del evangelio inmortal para que nos digan la verdad sobre esta morada de los condenados. ¿A qué se parece? Mateo 8:12 describe al infierno como un lugar de lloro y crujir de dientes; un lugar de oscuridad exterior. Isaías continúa contando que se está agrandando; Juan dice que los condenados se muerden la lengua del dolor y el humo de su tormento asciende por siglos de los siglos; y no tienen descanso ni de día ni de noche. Esto desvanece la teoría de que el infierno es la tumba. También borra la idea de que el infierno es un arreglo temporal donde los hombres y mujeres aprenden una lección y pasan por un proceso de purificación antes de ser admitidos en la presencia de Dios y los santos ángeles. La Biblia no menciona ni una vez el purgatorio mundial, ni sugiere que ese lugar exista. El purgatorio es idea del hombre; el infierno es la verdad de Dios.

La Biblia nos dice en palabras claras acerca de un hombre que perdió su alma. El Modernista se apresuró a declarar esto, la historia del hombre rico y Lázaro es una parábola. Pero incluso si fuera una parábola (no estamos discutiendo) ¿qué es una parábola sino una semejanza, una similitud entre lo terrenal y lo celestial? El hombre rico no fue al infierno como alma sin sentido, sino como un hombre vestido en su sano juicio y dotado de sus sentidos normales. Podía escuchar; podía pensar, podía sentir, podía ver y su alma era inmortal. El hombre rico que había pasado su vida en una vida lujosa levantó los ojos en el infierno, y en su miseria reconoció a Lázaro en el seno de Abraham. ¡Él podía ver! Él podía ver el glorioso mundo de arriba, que él se había perdido. Estoy persuadido de creer que el hombre condenado en el infierno puede ver el maravilloso lugar llamado cielo, aunque solo sea por un minuto. Creo que tendrá el privilegio de ver sus seres queridos marchar dentro de esas puertas de perlas. Si se le puede llamar “privilegiado,” porque la vista del hermoso lugar llamado cielo, que podría él haber reclamado para su propio futuro hogar, solo servirá para hacer su sufrimiento más intolerante.

El pecador condenado también podrá escuchar. Él puede escuchar la blasfemia, los gemidos y crujir de los hombres que han perdido sus almas. Él puede escucharlos mientras ellos gritan en la oscuridad y ofrecen oraciones a un Dios que les ha dado la espalda para siempre. El crujir de dientes; las maldiciones mientras ellos se arrastran y piden agua. El hombre rico escuchó la respuesta de Abraham, lo cual arruinó su último pedazo de esperanza cuando Abraham le recordó que había un gran abismo entre él y Lázaro, y ese abismo no se puede cruzar.

El hombre rico podía sentir. Le rogó a Abraham y le gritó que estaba atormentado en las llamas y pidió misericordia por una gota de agua fría; pero esto le fue negado. Abraham, viendo su desesperado estado, simplemente le dijo que recordara. Y mientras dure el tiempo, mientras el mundo gira y las esferas ruedan, el hombre condenado recordará en el infierno. Él puede recordar las oportunidades perdidas que tuvo, cada predicación que escuchó, cada oración que oyó, cada lagrima derramada por él, él tendrá que recordar. Si el hombre rico hubiera sido echado al infierno sin su vista, ni oído y sin sentido, su mente en blanco, la ilustración de la Biblia no sería tan absolutamente horrible; pero él se dio cuenta de que estaba condenado, y fue atormentado por el recuerdo del tiempo cuando el hombre pobre se acostó en su puerta y él se negó a prestarle atención. Él estaba atormentado por el recuerdo que deliberadamente había hecho su elección ignorando a Moisés y a los profetas.

Incluso una pequeña quemadura en nuestra mano nos causa gran angustia y dolor, pero esto no es nada comparado con la indecible agonía de un cuerpo retorciéndose en las llamas buscando la muerte, pero la muerte huye de los condenados. Ninguna persona sensata que alguna vez haya leído del sufrimiento de los condenados en el infierno quisiera ir allí, donde el fuego no se apaga, y donde no hay algo parecido a la ayuda, porque el infierno es el lugar donde los condenados se dan cuenta de que no hay esperanza para ellos.

Hemos pensado en las cosas que estarán en el infierno; pero pensemos un minuto en otras cosas que no se encuentran allí. Aquí, disfrutamos del hermoso compás de la música; pero en el infierno los únicos sonidos que recibirán los oídos serán el grito angustiado de los condenados, sus maldiciones y blasfemias. El infierno no tendrá música. El infierno no tendrá flores. Incluso aquí los más pobres de los hombres pueden disfrutar de la belleza de las flores silvestres que nacen junto al camino, pero no hay rosas en el azufre y en el fuego del infierno. El infierno no tendrá la hermosura; los pequeños bebés no irán allí. Usted pudo haber mirado la cara de algún pequeñito cuerpo callado y prometió que lo vería otra vez. Entonces usted tendrá que prepararse para reunirse con ese pequeñito en el cielo, porque no habrá bebés inocentes en el infierno.

No habrá oraciones del pueblo de Dios en el infierno, ni llamamientos al altar, tampoco lágrimas derramadas por su alma. Y mientras Dios exista, esa es la cantidad de tiempo que arderán los fuegos y los condenados serán torturados. El pecado es locura, Y EL INFIERNO ES EL HOSPITAL SIQUIATRICO: EL INFIERNO ES LA PENITENCIARÍA DE DIOS SIN SALIDA, no hay forma de cumplir una condena, no hay manera de escapar.

En las cárceles, hemos visto muchos presos cumpliendo sus sentencias. Muchos de ellos guardaron los calendarios colgados de su cama para marcar los días cumplidos. Ellos están esperando a través de los años ese día glorioso cuando por fin hayan pagado su deuda con la sociedad y puedan ser liberados. ¡Sin embargo no hay liberación del infierno! Si una sola gota de agua cae constantemente sobre una pequeña roca, la roca se desgataría en varios cientos de años. Pero si esa misma pequeña gota de agua cae lo suficiente para deteriorar nuestras montañas más altas, nuestras colinas de granito, nuestros puentes de hierro y acero, la eternidad acabaría de comenzar. La eternidad no tendrá menos días, no habrá menos tiempo para las almas condenadas en los territorios de la desesperación.

Ya que hemos mirado en la Palabra de Dios acerca de los hechos de este horrible lugar, miremos otra vez para encontrar la respuesta a la pregunta en nuestras mentes: ¿Quién va allí? El mismo Jesús una vez hizo la pregunta, ¿Cómo evitaréis el juicio del infierno? El salmista, David, viene con una declaración que arranca de raíz la doctrina de la predestinación cuando él dice: “Si subiere a los cielos, allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás” (Sal. 139:8). Dese cuenta de que dice: “si en abismo hiciere mi estrado…” Esto deja en claro que la persona hace su propia elección. Usted ha oído a la gente decir que, si Dios elige enviar alguien al cielo o al infierno, Él lo hace, y que el hombre no tiene elección en el asunto. David, el hombre según el corazón de Dios, fácilmente es entendible cuando deja claro que el cielo o el infierno puede ser suyo; él tiene la oportunidad de elegir. Usted y yo podemos tomar la misma decisión. Los más pobres y los más ricos de igual manera, ellos deben arrepentirse de sus pecados si quieren escapar del infierno.

Juan vuelve con más información sobre quién irá allí: “Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego” (Ap. 20:15). David tomó su pluma otra vez para decir, “Los malos serán trasladados al infierno, todas las gentes que se olvidan de Dios” (Sal. 9:17). Jesús dijo, “…Si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.”

Entonces, concluimos que para escapar del horrible lugar llamado infierno, uno debe arrepentirse de sus pecados. El hombre rico, el hombre poderoso, el hombre educado, debe arrepentirse como lo hace ese mendigo harapiento que tiene que marcar una “x” a su nombre. Si usted no ha hecho las paces con Dios, entonces debe arrepentirse para escapar del infierno. Jesús tuvo una muerte agonizante y derramó Su sangre carmesí manchando a la cruenta cruz por usted y por mí. ¿Aceptará Su invitación a pasar la eternidad en la gloriosa región de los cielos arrepintiéndose de sus pecados? O, ¿Ignorará Su súplica y se lanzará al lago de fuego? ¿Irá por las oraciones del pueblo de Dios? ¿Va a ir como un intruso al lugar llamado infierno que fue preparado para el diablo y sus ángeles? ¿Va usted a pasar sobre el cuerpo martirizado del Hijo de Dios?

¡La elección queda a su criterio! Jesús hizo todo lo que pudo hacer cuando abrió el camino de escape y declaró, “consumado es.” Los mensajeros de Dios están mostrando las señales de peligro en un serio esfuerzo para desviarlo del camino ancho y señalarle el camino hacia el cielo, diciendo, volveos, volveos de vuestros malos caminos: ¿Y por qué moriréis?” Pecador regrese. “¿Cómo escaparemos nosotros, si tuviéremos en poco una salud tan grande?”

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