OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

Emily Shaw, Whites Creek, TN

“Mas á vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Y hollaréis á los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día que yo hago, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Mal. 4:2, 3).

Primero el temor (o gran respeto) al Señor es el comienzo de la sanidad. Este pasaje de la Escritura también declara claramente que estamos AVANZANDO Y CRECIENDO con la misma sanidad que se encuentra en el Sol de justicia. ¿Cómo hacemos eso?

Marcos 5:24-34 declara, “Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban. Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía, y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido. Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva. Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose a la compañía, dijo” ¿Quién ha tocado mis vestidos? Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Y él miraba alrededor para ver a la que había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.”

Para entender el significado de este tema de la mujer con el flujo sangre, debemos entender la Ley que la separó de la sociedad durante 12 AÑOS.

“Y la mujer, cuando siguiere el flujo de su sangre por muchos días, fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre; todo el tiempo del flujo de su inmundicia, será inmunda como en los días de su costumbre. Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su costumbre; y todo mueble sobre que se sentare, será inmundo, como la inmundicia de su costumbre. Cualquiera que tocare en esas cosas será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde” (Lv. 15:25-27).

Imagínese, esta mujer no tiene permitido vender nada, cocinar para nadie, sentarse donde otras personas se sientan o estar en una sesión pública donde hubiera el riesgo de tocar a alguien. Ella habría estado encerrada en su casa, sin sustento, sin marido, ni siquiera acompañante, sola, ignorada, separada por12 años.

Sin embargo, ella escuchó sobre el Hacedor de Caminos, Hacedor de Maravillas, Jesucristo. Ella estaba decidida a llegar a Él. ¿Puede imaginarla ahora, arrastrándose hacia Él a través de la multitud que la mantuvo alejada, dejando que años de vergüenza, amargura, miedo, soledad y desesperanza caiga de ella con cada centímetro que avanzaba? Ella finalmente lo logró, y solo necesitaba tocar el borde de Su vestido con su fe en Cristo para completar la obra.

Ya que esta mujer era inmunda y tocó a Jesús, Él también habría sido inmundo. Por eso estaba asustada. PERO el poder sanador de Dios salió de Él y fue limpia allí mismo. Jesús inmediatamente supo que algo había sucedido. Sintió que PODER salió de Él. Aún hoy, Jesús sabe cuándo estamos operando COMPLETAMENTE en el poder que ÉL nos ha dado a través de Su sangre.“Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible. Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo, ayuda mi incredulidad” (Mr. 9:23, 24).

La Palabra dice que a cada hombre se le da una medida de fe, y la fe como el grano de una semilla de mostaza puede mover una montaña. La falta de fe no es lo que nos impide sanar. Es la duda. “¡Ayuda mi incredulidad!” Mi vida cambió cuando comencé a orar así.

La sanidad llega cuando tenemos fe SIN incredulidad. La sanidad viene cuando le INSISTIMOS a Jesús hasta que suceda. La sanidad viene cuando demostramos nuestra fe a través de nuestras obras.

“Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Stg. 2:17-20)

Una y otra vez, vemos relatos donde Jesús y los apóstoles les dicen a las personas que se levanten y caminen. Cuando OBEDECIERON y mostraron su fe a través de las obras, fue cuando fueron sanados. Si alguien le dice, “levántate y camina” por la dirección del Espíritu Santo, es mejor que se levante y camine, o va a perder su oportunidad de ser sanado. La mayoría de las veces verá un cambio instantáneo de semblante cuando las personas son sanadas. Esto es porque cuando sufrimos en el cuerpo, nuestro espíritu también comienza a sufrir. Hay una conexión entre el cuerpo, la mente y el espíritu. A través de la sanidad del cuerpo, sus corazones también son sanados.

La sanidad espiritual y emocional viene a través de la misma obediencia y demostración de fe a través de las obras. Orar por la persona que le ha hecho mal. Levantar sus manos en alabanza cuando sienta que su corazón se está rompiendo y no hay esperanza. Moverse a un lugar nuevo a pesar de la ansiedad y el miedo. Haga lo que sea que Dios le esté guiando a hacer, o perderá su sanidad, ya sea física, espiritual o emocional.

Necesitamos la sanidad física y espiritual en cualquier persona que conozcamos, cualquier persona que toquemos. Me atrevería a decir, USTED, el que está leyendo esto, tiene algo que necesita ser curado, ya sea espiritual, físico o emocional. AHORA es el momento de aceptar la sanidad que, Jesús nos ofrece libremente y al mundo que nos rodea.

Veo un gran problema en este mundo, pero veo una solución mayor. Que comience con nosotros. No permita que la enfermedad, la duda, el miedo, la ansiedad, la amargura o la desesperanza lo mantenga separado durante 12 años. ¡Encuentre la sanidad en Sus alas, para que podamos “avanzar” y “crecer” juntos!

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