Un ejército no está conformado por una sola persona sino por un gran cuerpo organizado con personal capacitado. La Iglesia de Dios no está conformada con una sola persona, sino por “muchos miembros.” “Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, así también Cristo” (1 Co. 12:12).

Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y los miembros forman el Cuerpo. El Movimiento de la Banda de la Asamblea es un auxiliar dentro del Cuerpo de Cristo. Su propósito es cuidar, madurar y equipar a los miembros de la Iglesia para el trabajo general del ministerio de evangelizar al mundo con el evangelio completo de Jesucristo. Los miembros deben ser atendidos, alimentados, fortalecidos y motivados.

“Para que sean confortados sus corazones, unidos en amor” (Col. 2:2). Consolar es dar fuerza y esperanza a alguien; animar; incentivar. Tejer es unir o hacer que se unan entrelazando lazos de hilo con una aguja de tejer. “Porque somos miembros los unos de los otros”(Ef. 4:25).

“Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme a su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor” (Ef. 4:16).

En una banda muy unida, los miembros nunca deben sentirse como si estuvieran solos, sino sentirán la fuerza del otro. La fuerza motriz debe ser nuestro amor del uno por el otro. Jesús les dijo a Sus discípulos en Juan 13:35: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”

Esto me recuerda un himno antiguo, Firmes y Adelante. A Continuación, un par de estrofas:

Firmes y adelante, huestes de la fe, Sin temor alguno, que Jesús nos ve. Jefe soberano, Cristo al frente va. Y la regia enseña tremolando está.

Muévase potente La Iglesia de Dios, De los ya gloriosos marchamos en pos; Somos sólo un cuerpo, y uno es el Señor,

Una la esperanza, y uno nuestro amor. “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:13).