BRILLA EN EL SITIO DONDE ESTÉS

“Cada miembro es un trabajador, y un trabajo para cada miembro”

—A. J. Tomlinson

Las palabras desafiantes del Obispo A. J. Tomlinson para recordarles a cada uno que todos pueden hacer algo por Dios sin importar qué. Es cierto que no importa dónde estemos en el mundo, y dónde o quién seamos en la Iglesia, podemos por la gracia de Dios brillar en el sitio donde estemos.

Hay un antiguo himno que usamos para cantar, tal vez algunos de los jóvenes nunca lo hayan cantado antes, este se titula Brilla en el Sitio Donde Estés. Parte de la letra del canto es:

“Nunca esperes el momento de una grande acción, ni que pueda lejos ir tu luz; De la vida a los pequeños actos de atención, brilla en el sitio donde estés.

Puede tu talento alguna cosa descubrir. Do tu luz podrá resplandecer; De tu mano el Pan de vida puede aquí venir, brilla en el sitio donde estés.”

El himno nos anima a brillar por Cristo justo donde nos encontramos ahora, y no esperar algún tipo de plataforma que pueda catapultarnos a lo llamado “protagonismo” de la atención pública o de la Iglesia. Tampoco se debe esperar alguna ocasión especial, evento u oportunidad, sino que uno debe identificar y comprender que, especialmente en nuestra vida normal, incluso rutinaria, cotidiana, podemos hacer alguna buena acción, compartir algunas palabras de aliento o simplemente testificar de lo que el Señor está haciendo en nuestras vidas. ¡Usted puede ser un trabajador!

No necesita un reconocimiento especial o una mención honorífica para brillar por Cristo donde quiera que él o ella se encuentre, después de todo, el hecho de que Cristo nos vea es un reconocimiento mucho mayor que cualquier otro; más bien, debemos reconocer la gran necesidad que los desconocidos, compañeros de trabajo, vecinos y familiares tienen del Salvador. No le dejemos todo el trabajo a los pastores o evangelistas, aunque tienen un llamado especial en sus vidas en el ministerio por lo cual darán cuenta al Señor, usted y yo de alguna manera, de alguna forma, para alguna persona o personas, podemos ser los creadores de la diferencia si simplemente iluminamos nuestro sitio más importante del mundo.

Usted puede juzgar erróneamente que su sitio del mundo no es importante, pero si hay un alma cerca de usted, de hecho, ¡es un sitio importante del mundo! Eche un vistazo alrededor, sin considerar a las personas, ¿ve al pobre, rico, enfermo, sano, feliz, triste, amistoso, poco amistoso, pequeño y grande? Más importante, ¿ve el alma? Permítame recordarle algunas de las palabras de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, “Vosotros sois la luz del mundo…Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5: 13-15).

Cristo es la Luz Verdadera, y Él ha encendido una llama en cada hijo de Dios con toda la intención de que seamos usados por Él en el lugar que nos ha colocado para la gloria de Su Padre para la salvación de las almas. ¿Creemos que estamos donde estamos hoy por accidente? Estimado ser querido, usted está exactamente donde el Señor necesita que esté y es parte importante del gran programa de Dios. El esplendor de la luz gloriosa del evangelio de Jesucristo que ahora brilla en usted no debe verse obstaculizado por las condiciones de la vida pasada o presente. Es posible que, a veces, nos preguntamos, “¿Qué diferencia puedo realmente hacer yo, una persona?” pero subestimamos el poder de UNO. Lea el siguiente fragmento de información que encontré mientras leía:

“Un niño malicioso puede acabar una escuela. Una falsa alarma puede causar pánico. Un fósforo puede empezar un gran incendio. Un paso en falso puede costar una vida o arruinar una reputación. Una rueda rota puede deshacer un tren. Un trabajador pendenciero puede crear una huelga de diez mil hombres. Una palabra diplomática puede provocar una guerra que involucra miles de vidas y la destrucción de millones de dólares en propiedades. Un acto apresurado de legislación puede conllevar dificultades incalculables. Una hija desobediente puede romper el corazón de una madre. Una mentira puede destruir la reputación de una persona. Un testigo falso puede enviar a un hombre inocente a la cárcel. Un voto puede decidir una elección. Una palabra cariñosa en el momento adecuado puede salvar a una persona del suicidio. Un sermón puede encender el alma de un hombre y establecer el rumbo para su vida futura. Un trago puede llevar a una persona al alcoholismo. Un ejemplo incorrecto puede llevar a docenas por el camino equivocado. El elegir a Cristo determinará el destino futuro.

Y la Biblia dice: “…Un pecador destruye mucho bien” (Ec. 9:18). Sí, así como un eslabón roto puede hacer inservible una cadena, una fuga puede hundir un barco, un gusano puede estropear una manzana. Pero nos complace observar que UNO puede hacer bien, como cuando una buena palabra alegra el corazón triste: “El cuidado congojoso en el corazón del hombre, lo abate; mas la buena palabra lo alegra” (Pr. 12:25). Un mensajero fiel es medicina: “El mal mensajero caerá en mal: Mas el mensajero fiel es medicina” (Pr. 13:17). Solo una palabra en el tiempo necesitado—que buena es: “Alégrese el hombre con la respuesta de su boca: Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” (Pr. 15:23). Solo una palabra: “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene” (Pr. 25:11). Noé halló gracia ante los ojos de Dios, un hombre sobre toda la tierra, y debido a su obediencia, la raza humana se salvó. Esther puso su vida en peligro y se arriesgó a la muerte al atreverse a entrar en el palacio del rey, ella salvó a su nación de la extinción. Jonás, después de su escape, fue a Nínive en obediencia a Dios y predicó, y un gran avivamiento de arrepentimiento estalló en la ciudad.”

¡Oh, el poder de UNO! Hay dos grandes personajes del Antiguo Testamento de los cuales a menudo hablamos, y con razón, ya que, por Eliseo, el Profeta de Dios, y Naamán, el capitán del ejército del rey de Siria, Dios es glorificado en 2 Reyes 5. Sin embargo, hay una persona que a menudo se pasa por alto en todo este relato que, en realidad, es mucho más importante que estos dos hombres de renombre, ya que sin ella ninguno de estos dos hombres habría tenido este encuentro. Ella no tiene nombre, al menos su nombre, a diferencia de Eliseo y Naamán, no se comparte con nosotros, solo se le conoce como, “muchacha” (v.2). Tal vez su nombre no se dé a propósito, ya que nos brinda la oportunidad, si la aceptamos, de colocar nuestro nombre en la misma, otorgándonos la oportunidad, mejor aún, el privilegio de colocarnos en su lugar y hacer lo que ella hizo—brillar en el sitio donde estaba ella.

Sabemos por las Escrituras que su país había sido atacado por Siria, el enemigo, y que había sido llevada a la casa de Naamán como cautiva, sin duda una esclava y una sirvienta sin derechos ni voz. Continuemos considerando las posibles condiciones de su vida. Sus padres pudieron haber sido asesinados durante la invasión de Siria a Israel, ella debió haber visto su ciudad destruida y quemada, si no, al menos pudo haber tenido el desafortunado momento de presenciar la destrucción de la comunidad de su infancia. Quién sabe si pudo haber tenido hermanos cuyo paradero era casi desconocido para ella cuando la sacaron de su tierra natal. Ella fue arrancada de sus amigos y seres queridos y de las comodidades de su hogar para ser arrastrada a un futuro incierto.

¿Cómo estaríamos usted y yo justo bajo tales penas de la vida? ¿Cuál sería nuestro espíritu en experiencias similares? ¿Las experiencias duras e inesperadas de la vida nos hicieron sentir como el profeta Jeremías “…No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre…” (Jer. 20:9) en su tiempo de tentación? Tal vez esto sería una razón para abandonar la fe y sumirse en la autocompasión. Todos hemos estado, en algún momento del camino, llenos de tristeza y angustia y, lamentablemente, puede volver a pasar, pero lo que hagamos en medio de esos momentos es lo que finalmente importa.

Anímese, amado santo, observe otra vez el testimonio de esta muchacha en la casa de Naamán. Ella es una reminiscencia de ese gran hombre Job quien, habiendo perdido todo, dijo “…Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito.” Mas adelante fue dicho de él, “En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (Job 1:21,22) y este mismo espíritu parece haberse apoderado de ella y puede apoderarse de usted y de mí también. Ella no estaba allí por accidente, ni tampoco sus circunstancias eran simplemente desafortunadas. ¡No! Alguien ha dicho, “A menos que se vea que la aflicción es obra de Dios, le hace poco bien al alma.” ¡Fueron ordenadas por Dios! Dios sabe cómo ponernos donde nos necesita, y sabe qué permitir en nuestras vidas para Sus propósitos divinos.

Al hombre encargado del ejército de Siria, el mismo ejercito que fue enviado por sus órdenes de asolar la patria de ella y despojarla a ella y a sus compatriotas de todo lo que tenían y lo que alguna vez esperaban ser, ella, al ver su enfermedad hasta la muerte, le dijo en efecto, “¡Conozco a un hombre al que puedes ir y ser sano!” Es evidente que ella no tenía enojo ni resentimiento ni odio en su corazón hacia este hombre o cualquier otro hombre, ni estaba teniendo un espíritu pesimista de “Ay de mí, ¿Cómo puedo ayudarlo, si yo necesito la ayuda?” ¡La muchacha no estaba buscando una bendición, deseaba ser una bendición! ¡Ella no estaba hablando de “apenas la estoy pasando,” ella, por así decirlo, se había apoderado de la vida eterna!

Ella, mirando más allá de las propias faltas de este hombre, observaba la necesidad de él. Ella va y comparte la noticia de la ayuda, salud, y esperanza que se pueden encontrar en Dios; no desde el punto de vista de haber alcanzado sus metas, ambiciones y sueños de la vida, ni de las comodidades de una vida en la que todas las cosas se habían desarrollado de la forma en que ella las había planeado, sino en medio de las condiciones de su vida como cautiva y sirvienta en la casa de Naamán y la experiencia de todo lo que la lleva a este punto en su vida.

¡Qué ejemplo inspirador de una persona que brilló en el sitio donde estaba, independientemente de sus circunstancias! ¡Llamado o no llamado! Ella no era un gran predicador como el Profeta, o una persona de gran autoridad como Naamán, pero fue una persona que obedeció a Dios. ¿Cuál es nuestra excusa para no brillar para Dios el Padre y nuestro Señor Jesucristo? ¿Se ha enfriado nuestro amor por las almas debido a nuestra experiencia pasada o presente o circunstancias actuales? Pablo preguntó, “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? o angustia? o persecución? o hambre? o desnudez? o peligro? o cuchillo?” (Ro. 8:35). ¿Qué es amado santo? ¿Qué podría causar que el amor de Dios, el amor para nuestro prójimo salga de nuestras vidas? “Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:37-39). ¡No deje que la vida se lo quite, pero tenga la determinación de brillar en el sitio donde usted se encuentra! ¡Sea determinado!

“Nunca esperes el momento de una grande acción, ni que pueda lejos ir tu luz; De la vida a los pequeños actos de atención, brilla en el sitio donde estés.”

En algún lugar ella había aprendido, en algún lugar ella había visto, en algún lugar ella había experimentado el amor y el poder de Dios y ella no se olvidó de eso cuando más importaba, cuando estaba sola y hasta con miedo, pero allí en ese lugar de poca importancia y poco reconocimiento (Me pregunto cuántas veces Naamán y su esposa pasaron junto a ella mientras estaban en su casa y le prestaron poca o ninguna atención.) esa muchacha fue la que hizo la diferencia porque ella se atrevió a hablar de su gran Dios al darse cuenta de su gran necesidad. ¿Oh, no es cierto que, tenemos un Dios poderoso que es compatible con necesidades poderosas?!

Ahora imagínese la llegada de Naamán a su casa con su esposa y familia después de sumergirse siete veces en el rio Jordán conforme a las palabras del profeta Eliseo. Su lepra había desaparecido; Su carne era semejante a la de un niño pequeño y ya no tenía más esa horrible y temida enfermedad que carcomía su carne. Imagínese la alegría de ese hombre y su familia y un número indeterminado de otros que sabían cómo estaba él antes. Imagínese la emoción de la muchacha. Él ya no tendría que mantener a las personas a distancia, no tendría que esconderse más, ¡ya no tenía por qué sentirse avergonzado ya que su lepra había desaparecido!

Ahora imagínese cuando usted ve a ese hombre o mujer despiadado y cruel entrar por las puertas de la iglesia local con un nuevo y amable comportamiento porque usted se atrevió a iluminar el sitio donde usted estaba y le dijo “Conozco a un Hombre, Jesucristo, al cual puedes ir para ser sano.” Imagínese al borracho o drogadicto, del cual todos perdieron la esperanza, incluso su propia familia, llegando a un tiempo de confraternidad limpios y en su sano juicio porque usted trabajo para Dios e iluminó el sitio diciéndoles, “Ven a Dios.” Estas cosas no son meramente imaginarias, han sucedido y sucederán si tan solo trabajamos para Dios donde estamos.

Trabaje para Dios, querido santo, deje que brille su luz, ilumine el sitio donde usted se encuentra, sin importar las circunstancias (placenteras o desagradables) en las que se encuentra actualmente; sin reconocimiento de las personas, ya sea que se encuentre bajo un nombramiento especial en su iglesia local o no, ya sea que se sienta como un ministro llamado por Dios o no, ya sea que tenga una licencia de evangelista o no, haga como esta muchacha quien precisamente en medio de su vida cotidiana, vio una necesidad y aprovechó la oportunidad para contarle a alguien sobre su Dios y Su bondad hacia nosotros.