El Espíritu Santo

El Espíritu Santo, la tercera persona de la Trini-dad, se menciona por primera vez en Génesis capitulo uno como participante en la creación del mundo (ver 2,26). Él también tiene una parte activa en el plan de salvación, el diario caminar del creyente, santificación, y en las obras de La Iglesia de Dios.

El Espíritu Santo es el que trae convicción al cora-zón del pecador. Él regenera el corazón arrepentido, esparciendo la luz y el amor de Dios en sus almas (Ro. 5:5). Él aplica la sangre de Cristo en nuestros corazo-nes con la obra instantánea de la santificación. Diaria-mente, Él nos muestra como caminar agra-dando a nuestro Señor, siempre que bus-quemos seguir el Espíritu de Verdad. Él está con nosotros como creyentes, nos da convicción ante la tentación de pecar, y nos guía más cerca a Dios. Dios, en Su sabiduría y amor, también buscó una forma para que el Espíritu Santo estuviera DENTRO de nosotros. Fue la ora-ción de Jesús que Espíritu Santo fue-se en (dentro) de nosotros, algo pro-metido por el Padre, y dejado para ayu-dar a Sus seguidores a cumplir la Gran Comi-sión después que Jesucristo mismo regreso al cielo. Jesús lo llamo el Consolador, un Maestro, el Espíritu de Verdad. Él es uno de los mejores regalos de Dios.

Los requisitos para que el Espíritu Santo more en nosotros son un corazón limpio, obediente, y santo (1 Co. 3:16, 17; Hch. 5:32). El corazón está preparado para la morada del Espíritu Santo después de que la obra justificadora, y regenerativa lo limpia de todo pecado, y el poder santificador lo libra del deseo de pecar (La naturaleza Adámica). Luego, el bautismo del Espíritu Santo se da gratuitamente a todo el que lo busque y obedezca. La evidencia de la morada o el bautismo del Espíritu Santo se menciona en la Biblia múltiples veces: el hablar en lenguas como el Espíritu nos dé que hablemos. Esto no es una actuación o el memorizar cosas sin sentido, sino el Espíritu Santo hablando por medio de una persona en un lenguaje celestial, hablando al Padre, orando por y a través del individuo mientras anuncia su presencia a los otros creyentes. Blasfemar contra en Espíritu Santo es el pecado imperdonable en los ojos de Dios porque no hay salvación sin el que da convicción, y el Espíritu Santo no va a convencer a un alma que sabiendo blas-femé contra Él.

Todos los cristianos necesitan la morada del Espí-ritu Santo. Él es el que guía a la Iglesia a toda Verdad, revela la voluntad del padre, nos consuela en nuestras preocupa-ciones terrenales, pone en nuestras mentes una perspectiva celestial, revela la verdad de que hay espí-ritu de engaño, y nos da las pala-bras para hablar frente a la per-secución. Dedicamos nuestras vidas como luces para el mundo con salvación y el Espíritu Santo es esa "electricidad" para brillar. Dimos nuestras manos a Dios en arrepenti-miento y el Espíritu Santo guía esas manos para servir al Señor con poder. Dimos nuestras bocas para la Gran Comisión y el Espíritu Santo nos da las palabras que tocarán el corazón y darán convicción al alma.

¡Qué diferencia puede hacer el Espíritu Santo en la vida del cristiano! Él transformó al temeroso Pedro, que andaba con una espada, en el audaz, y ungido ministro que se levantó y predicó el arrepentimiento a una multitud de miles. Algunos se burlaron de él, pero él predicó con tanta autoridad y poder que 3,000 almas fueron salvas ese día. Deje que el Espíritu Santo le de poder para servir al Señor y cumplir nuestra Gran Comisión. ¡No se pierda este gran Regalo de Dios!