CONTRA EL USO DE ORO Y ALAJAS COMO ORNAMENTO

"De lo que yo soy puesto por predicador y apóstol, (digo verdad en Cristo, no miento) doctor de los Gentiles en fidelidad Y verdad. Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda. Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza Y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, ó perlas, ó vestidos costosos; Sino de buenas obras como conviene a mujeres que profesan piedad." (1 Timoteo '2:7-10)

Pablo, al escribirles a los ministros y miembros de la Iglesia primitiva, les dio instrucciones que abarcaban casi todas las fases de la vida de la persona. Él les escribió acerca de los servicios de adoración, acerca de sus relaciones los unos para con los otros, y muchas otras cosas en relación a las cuales él creyó que ellos necesitarían más instrucción. En nuestro texto el cual fue escrito al joven Timoteo, Pablo creyó necesario amontar contra el uso de algunas cosas para el ornato o adorno. El amonestó a las mujeres a ser modestas y honestas en su manera de vestir y abstenerse ·del uso del oro, perlas y vestidos costosos. Por _supuesto que estas mismas instrucciones con respecto al vestir Y al adorno se aplicarían también a los hombres de la Iglesia, y no solamente a las mujeres.

El consejo de Pablo está en completa armonía con las palabras de Pedro: "El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas; Sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios. Porque así también se atav1aban en el tiempo antiguo aquellas santas mujeres que esperaban en D10s, siendo sujetas a sus maridos." (1 Pedro 3:3-5)

Puesto que le estamos sirviendo al mismo Señor y somos miembros de la misma Iglesia del Nuevo Testamento de la cual Pablo_ Y Pedro fueron ministros, es menester que sus instrucciones y consejos sean oídos y puestos en práctica en este tiempo. Por esta razón la Iglesia de D10s continúa enseñando contra el uso del oro de parte de los miembros como decoración u ornato. Entre las cosas prohibidas están: las sortijas, brazaletes, aretes, cadenas, medallones y otras clases de joyas. El uso del oro en relojes, reloj de bolsillo, pinches para corbatas y otros artículos los cuales tienen un uso conveniente, es comúnmente dejado a la discreción de la persona.

Si observamos las Escrituras detenidamente, podríamos ver con facilidad el porqué el uso del oro para ornato o decoración o las joyas, las cuales no tienen ningún beneficio o provecho, no deben tener cabida o lugar alguno en la vida de un hijo de Dios. "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que haya en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo. Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre." (1 Juan 2:15-17) Esta referencia bíblica nos ofrece evidencia suficiente de que aquéllos que aman al mundo y las cosas que están en él, el amor del Padre no mora en ellos. La gente mundana ama el vestir de una manera deshonesta, el comprarse vestidos costosos y adornarse con joyas de mucho valor. Empero el hijo de Dios quien ha nacido de nuevo y es una nueva criatura en Cristo Jesús, como ya no posee una mente carnal que es la que motiva a la persona a vestir y actuar como lo hace el mundo, no tendrá tales inclinaciones ni deseos hacia estas cosas.

El uso del oro u otros metales preciosos para ornato o decoración es una evidencia externa del orgullo o soberbia que mora en el corazón de una persona que las usa ·en la manera ya descrita. Por esta razón, su uso es impropio de un hijo de Dios. "Abominación es a Jehová todo altivo de corazón: Aunque esté mano sobre mano, no será reputado inocente." (Pr. 16:5) "Antes del quebrantamiento es la soberbia; Y Antes de la caída la altivez de espíritu." (Pr. 16:18) Estas palabras del escritor de Proverbios nos dejan saber que el orgullo o la soberbia son desagradables a Dios. Aquéllos que son orgullosos de corazón son abominables ante Sus ojos. Esta soberbia no quedará sin castigo; ésta conduce a la persona a su propia destrucción. La altivez de espíritu es siempre desagradable al Señor, ya sea una altivez secreta o si es manifestada en las acciones de la persona o en su forma de vestir.

La práctica de gastar extensas sumas de dinero en joyas y otros artículos innecesarios para el vestir, representa un desperdicio de dinero. Estas cosas no benefician al individuo ni espiritual ni físicamente.

Es imposible atraer la atención favorable de Dios con el uso del oro y piedras preciosas como ornato. Estas cosas son las evidencias del espíritu vanidoso que tanto Dios abomina en el hombre. Pedro nos dice la clase de ornato que es agradable a Dios. En vez de buscar el adornar el hombre exterior con oro y trajes costosos, nosotros debemos buscar adornar el hombre interior del corazón con un espíritu humilde (manso) y pacífico. Este es el ornamento que agrada a Dios. Aquéllos que desean recibir el favor de Dios, dedicarán sus energías a la tarea de buscar la forma de adornar el hombre interior con mansedumbre o humildad, lo cual es de mayor valor ante los ojos de Dios que cualquier adorno o atavío de oro, plata, perlas o vestidos costosos.

El Señor conoce el verdadero valor de las cosas y Su Palabra nos ha dicho que el mundo y las cosas que están en él pasarán mas el que hace la voluntad de Dios permanecerá para siempre. Y la voluntad de Dios es el que adornemos el hombre interior con un espíritu manso y pacífico. Este es el tipo de adorno que agrada a Dios, y los que se vistan de humildad recibirán bendiciones especiales las cuales están prometidas en la Palabra de Dios. El salmista dijo: "Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz." (Salmo 37:11) En vez de estar destinados a ser destruidos con las cosas mundanas, aquéllos que se visten de un espíritu de mansedumbre y paz, heredarán la tierra, disfrutarán y se recrearán en ella con abundancia de paz.

Pablo enfatizó la importancia de la mansedumbre en la vida de los cristianos: "Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados; Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportando los unos a los otros en amor." (Efesios 4:1, 2) Pablo le escribió a los tesalonicenses diciéndoles que ellos fueron llamados a santificación, y aquí tenemos su amonestación para que andemos como es digno de esta vocación o llamamiento, demostrando toda humildad y mansedumbre. Es maravilloso el ser llamado o escogido para recibir las bendiciones del Señor; no obstante, después del nuevo nacimiento lo que agrada al Señor de nuestra parte es el que porfiemos o luchemos por ser dignos de Su gracia andando en toda humildad y mansedumbre mientras le servimos.

La mansedumbre es una parte del fruto del Espíritu como lo registra Pablo. Después de Pablo mencionar el fruto del Espíritu, él dice: "Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. ·No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos a los otros, envidiándose los unos a los otros." (Gálatas 5:25, 26) El ornato de un espíritu humilde y pacífico no es el producto del deseo de vanagloria, ni tampoco provoca a nadie a la envidia ni a la irritación. Otros ornamentos pueden ser usados para vanagloria, para provocar a otros a la envidia o al celo, pero esto no sucede cuando nos adornamos con un espíritu pacífico y humilde.

El fruto del Espíritu puede ser manifestado únicamente por un corazón que esté lleno del Espíritu Santo. "Mas ahora librados del pecado, y hechos siervos a Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna." (Romanos 6:22) Cuando. El corazón ha sido purificado de todo pecado por la sangre de Jesús, (santificado) y la naturaleza carnal extirpada, entonces no puede haber lugar alguno para que se manifieste algún espíritu de arrogancia o altivez en cuanto a la manera de la persona vestirse y ataviarse. Jesús fue nuestro ejemplo mayor en cuanto a mansedumbre. El enseñó a Sus discípulos: "Llevad e1 yugo sobre vosotros, y aprended de mí; que soy manso y humilde de corazón..." (Mateo 11:29) Cada cristiano deberá ambicionar y desear ser como Jesús; y para ser como El, tendríamos que seguir el ejemplo que Él nos dejó en mansedumbre. Nosotros tenemos que ataviamos de mansedumbre. Cuando venimos al Señor para salvación y perdón de pecados, debemos de humillarnos completamente a Él y después procurar ser como Él es. No hay ninguna evidencia que señale que exista orgullo en las cosas que Jesús hizo mientras estaba sobre la tierra, y cuando una persona es como El, en vez de sentir orgullo en su corazón, lo que sentirá será humildad y mansedumbre. . .

La Biblia enseña que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Cuando estos templos son purificados a través de la experiencia de la santificación por la sangre de Jesús, entonces ellos están listos para la morada del Espíritu Santo. El corazón es hecho puro y está listo para ser adornado con mansedumbre Y paz, lo cual es la voluntad de Dios. Apenas podemos admitir que otra clase de atavíos, tales como los que el mundo usa para la decoración, pudieran añadir algo a un objeto el cual ha recibido una atención tan especial de parte de Dios. El Señor se complace en embellecer o hermosear aquéllos que están consagrados a Su voluntad. El salmista nos dice: "Porque Jehová toma contentamiento con su pueblo: Hermoseará a los humildes con salud." (Salmo 149:4)

Existen los que tratan de justificar el uso del oro basándose en que ciertos artículos han venido a ser tradición y son generalmente aceptados por ser símbolos de algunas instituciones. Muchas costumbres han sido subseguidas o continuadas por tantos años que éstas han echado raíces muy profundas en la forma de vida del individuo. Algunas de estas costumbres son practicadas por los cristianos dado a que éstas no son condenadas directamente por la Palabra de Dios. Empero el cristiano no es libre para envolverse en la práctica de costumbres o tradiciones que están en una forma u otra en conflicto con la Palabra de Dios. Así pues, nosotros no estamos libres para usar el oro como adorno o decoración aun cúando tal uso sea Justificado por la tradición. Pablo nos advierte contra esto: "Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de D10s, agradable y perfecta." (Romanos 12:2) Nosotros no estamos para conformarnos con las tradiciones de los hombres, empero ajustar nuestras vidas a la Palabra de Dios. El deseo de un cristiano sincero es el de no conformarse a este mundo ni asemejarse al mismo, mas hacer la perfecta voluntad de Dios.

El propósito de los cristianos no es el de hacer cosas para atraer la atención de los demás o la suya propia; por el contrario, sus deseos deben ser los de hacer las cosas que son agradables ante la presencia de Dios y de vivir en tal forma que la gloria de Dios pueda ser manifestada en su vida. Cuando uno se atavía a sí mismo imitando las costumbres del mundo tal persona está buscando el obtener reconocimiento personal. Esta expresión de vanidad y orgullo no es del agrado del Señor. Jesús no buscó ganar fama personal o reconocimiento público para Sí Mismo. El le dijo a Sus discípulos: "Gloria de los hombres no recibo." (Juan 5:41) Luego El dijo: "¿Cómo podéis vosotros creer pues tomáis la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que de sólo Dios viene?" (Juan 5:44) Es posible recibir honra y reconocimiento de otros debido a la vanidad y al orgullo, lo que hace que uno se adorne a sí mismo de toda suerte de vestiduras y atavíos costosos pero el que hace esto no está buscando Ja gloria y la honra de parte de Dios. Jesús Te dijo a los fariseos: "...Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres, mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación." (Lucas 15: 15)

El oro, la plata, joyas preciosas y otras clases de adornos podrán atraer la atención del mundo v conferir reconocimiento a aquéllos que los usen; pero, ¿qué - valor tiene esto para el individuo cuando al hacerlo está dejando a un lado el ornato el cual es de tanta estima ante los ojos de Dios? ¿De qué le vale al hombre granjear todas las riquezas del mundo y al fin perder su alma? Nosotros los miembros de la Iglesia de Dios de hoy no debemos permitir que nuestras vidas se entusiasmen demasiado con las costumbres y tradiciones de los pueblos hasta el extremo de que alguno vaya a transigir con ésta, y como resultado traer reproche u oprobio obre la doctrina de la Iglesia de Dios, por el hecho de querer congraciarse con el mundo. Por el contrario, debemos buscar la presencia del Señor con toda humildad y mansedumbre, revistiendo el hombre interior del corazón en tal forma que podamos obtener la gracia y bendición de Dios en esta vida y la vida eterna en el mundo por venir.

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