MENSAJE ANUAL ANTE LA 90MA ASAMBLEA GENERAL, 1995 (Parte II)

"I.La Naturaleza Del Cambio En Relación A Lo Que Debe Ser Y A Lo Que No Debe Ser Cambiado

Muchas veces encontramos difícil bregar con los cambios, siendo que vivimos en un mundo de constantes mutaciones. Por supuesto que los cambios a menudo interrumpen y afectan nuestras vidas. Los cambios son a veces para mejorar y otras veces para empeorar. Ese es el efecto del cambio en el mundo secular y natural. Sin embargo, siendo que la Iglesia está en, pero no es del mundo, podemos esperar que hayan cambios y que resulten para el bien, antes que para el mal. Todo cambio que se haga deberá ser con el propósito de edificar y cimentar la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

A. La Iglesia Y Los Asuntos Sociales

Se espera que los comités que presentan los negocios ante la Asamblea General busquen a Dios sincera y diligentemente concerniente a los asuntos de negocios que deben o no deben llevarse ante la Iglesia. Las cuestiones que no puedan tener un impacto para la Iglesia Universal, y para la membresía total en el mundo, no deberán ser presentados para su consideración respectiva, siendo que ella es un cuerpo mundial y cada uno de nosotros somos parte del mismo. Los asuntos sociales varían de una cultura a otra, y muchas veces tienen diferentes interpretaciones del escenario moral y espiritual. Debido a la diversidad de opiniones en tales asuntos, es casi imposible encontrar una solución; por consiguiente, éstos permanecerán ya sea como cuestiones discutibles, pero también podrían culminar en debates molestos y sin término.

Jesús empleó poco tiempo en las cuestiones sociales y controversiales. Por el contrario, Él fue al corazón y núcleo de los asuntos relativos a la moralidad y espiritualidad. En lugar de analizar los atributos de cada uno, Él llamó a la maldad, pecado, y a las cosas virtuosas, virtudes. Él trató con el adulterio y lo clasificó como pecado; trató con la homosexualidad no como un problema social, sino como un pecado. Si Él estuviera en persona sobre la tierra al presente, haría lo mismo. La clasificación de los pecados es algo interminable. El mero seleccionar unos cuantos pecados que la sociedad condena, y excluir todos los demás, proclama el mensaje de que algunos pecados son peores que otros, lo cual no es cierto ante los ojos de Dios, pero únicamente en un sentido social.

El montarse en la carroza de las cruzadas sociales no es algo conveniente para La Iglesia de Dios. Todos los pecados son aborrecibles para un Dios santo. Uno o todos ellos condenarán un alma al infierno eterno. La Iglesia no rechaza aceptar a una persona que se arrepienta como miembro a pesar de si fue una prostituta, homosexual, etc., específicamente; por el contrario, los acepta porque se arrepintieron de sus pecados y sus vidas recibieron redención. Cualquier otra cosa diferente a tal enfoque, puede conducir a legalismos interminables y a pagos de cuotas legales astronómicas, así también como a acciones criminales contra aquellos que clasifican y especifican los pecados que tienen implicaciones legales. La Iglesia rechaza aceptar los pecadores como miembros hasta que se arrepientan, renuncien a sus pecados y hasta que hayan realmente nacido de nuevo, llevando los frutos dignos de una vida santa. La Iglesia no sólo tiene ese derecho espiritual, sino también la obligación de protegerse a sí misma de la contaminación de la entidad espiritual sobre la tierra. Por esa razón, es sabio efectuar una investigación cabal, formulando suficientes preguntas relativas al candidato a membresía con el fin de evitar la admisión de personas como miembros quienes no den los requisitos espirituales para la misma. Eso también incluye su consciencia de las doctrinas, prácticas, enseñanzas y gobierno de la Iglesia, a fin de que ellos también conozcan a lo que se están comprometiendo a hacer al aceptar el pacto.

B. Tratando Con El Cambio Y Logrando La Unanimidad

Volviendo al tema del cambio, hay un dicho común entre los dueños de automóviles cuando tienen su máquina en manos de un mecánico, Lo que dicen es: "Si no está rota, no lo arregle". Ese principio podría aplicarse a muchas cosas en la Iglesia. Dios ha sido compasivo con la Iglesia a través de los años, dándonos tanto la Palabra inspirada como el Espíritu Santo para interpretar lo que nosotros no podemos comprender con rapidez. Él le ha revelado muchas cosas a la Iglesia que antes estaban ocultas de aquellos quienes tratan de entenderlas con la mente natural, y de quienes la Palabra dice que no les fue dado el privilegio de entenderlas. Cualquier cosa que sea divinamente revelada, no necesita ajuste alguno. La Palabra es el sello final. El Espíritu Santo no revela las verdades eternas por medio de tratar una y otra vez. Él es Dios omnisciente; no comete errores, y quien revela las verdades a la Iglesia de la misma Palabra que tiene su fundamento en los cielos para siempre jamás. Por supuesto que pueden haber verdades que todavía no han sido reveladas a la Iglesia de parte del Espíritu Santo; sin embargo, tenemos suficientes al presente como para llegar al cielo si las vivimos y si vivimos según la revelación recibida. Creo que sería un gran error comenzar a manipular las verdades que ya han sido reveladas a los que buscaron a Dios con humildad, sinceridad y desinteresadamente al respecto. Sin duda alguna que siempre hay necesidad de hacer ajustes en algunas cuestiones financieras y administrativas, pero en su mayoría, ya hemos ejecutado suficientes negocios en la Iglesia como para llevarnos directamente al milenio. Nuestra necesidad mayor es preservar los negocios en la Iglesia, los cuales ya han sido aprobados por la Asamblea General. No hay una virtud o beneficio particular para la Iglesia crear negocios por amor al tener algo nuevo. Los negocios innecesarios sólo crean confusión e interfieren con la confraternidad y el espíritu de poseer una mente y un acuerdo.

Es en la Asamblea General, con la ayuda del Espíritu Santo, que todos logramos una mente, y no en las discusiones privadas o en los pasillos del auditorio de la Asamblea General, mientras el resto de la Asamblea está adorando y prestando atención a lo que está ocurriendo. La unanimidad es estar de acuerdo, en aceptación o sumisión a una idea, acción o plan de acción común. Otra consideración de tener una misma mente es que Dios no aceptará esto a menos que esté en armonía con Su Palabra, aún cuando estemos en armonía de otra manera.

El tener una misma mente es un componente necesario del proceso de nuestra perfección. Dios lo requiere; así que, será vital que entremos dentro del proceso de lograr tal meta. Antes de que Él venga por nosotros, es esencial que poseamos una misma mente y un mismo parecer. Tenemos que ser de un mismo parecer y respetar las decisiones de la Asamblea General. Si hay errores y correcciones que hacer, entonces tenemos que proceder a ejecutarlas y a la misma vez mantener las cualidades de tal unidad y parecer. En la Iglesia es correcto "expresar nuestras opiniones" siempre y cuando estén en armonía con las opiniones de los demás, y en armonía con las enseñanzas de la Iglesia.

C. Evitando Los Errores Del Pasado

La historia ha demostrado que uno de los errores mayores de la humanidad ha sido la negligencia de una generación al no aprender de los errores de la previa generación. El seguir ese patrón de la historia, es un lujo que La Iglesia de Dios de los últimos días no puede adquirir. No podemos ser atrapados en la puerta giratoria de la repetición de errores, ya que vamos de camino hacia la perfección; sí, la meta trazada es la perfección, y los que sean negligentes en aceptar este hecho espiritual y caminar hacia la misma, de seguro que se apartarán de las sendas antiguas. La Iglesia será perfeccionada. Algunas personas querrán substituir la terminología madurez por la de perfección. No obstante, consideremos que el vocablo madurez es un término comparativo. Cualquier cosa puede ser madura más o menos, pero el término perfecto es uno absoluto. No puede ser más o menos perfecto o es perfecto o no lo es. Cualquier cosa que sea menor a la connotación de perfecto, es imperfecto, La Iglesia será perfecta. Eso significa perfección en cada aspecto espiritual requerido por Dios.

Obispo Robert J. Pruitt, Pasado Supervisor General