El Adorno Bíblico

La Iglesia de Dios se levantó de la Edad Oscura a principios del Siglo Veinte D.C., sobre la premisa de que el tomar toda la Biblia como la Palabra de Dios es lo que hace que ella sea La Iglesia de Dios. La doctrina y prácticas, como fueron enseñadas por los apóstoles y la Iglesia Primitiva, han sido consciente y persistentemente proseguidas y puestas en práctica. En conformidad con el registro que aparece en las Minutas de las Asambleas, el asunto del adorno fue discutido por primera vez en la 8va Asamblea del año 1913, cuando se le interrogó la siguiente pregunta: "¿Podemos darnos el lujo de adornar nuestros cuerpos con oro, perlas o indumentarias costosas?" La Asamblea concluyó que no se deberán usar adornos innecesarios tales como: aros de matrimonio, sortijas, aretes, brazaletes, medallones y otras clases de joyas como mero adorno".

Esta decisión fue aceptada sin oposición y ha permanecido en el registro hasta el presente como una doctrina bíblica prominente, la cual prohíbe el uso de joyas, y substanciadas por las siguientes escrituras: 1 Corintios 3:16, 17; 1 Juan 2:15-17; Ezequiel 14:3-8; Efesios 5:5; 1 Timoteo 2:9, 10; 1 Pedro 3:3, 4.

En los escritos del Nuevo Testamento, encontramos que hombres valientes de la fe del primer siglo de la Iglesia-Pablo y Pedro--instruyeron claramente a los creyentes a que se despojaran del adorno externo y que hicieran el esfuerzo de adornar el hombre interior de las virtudes que proceden de Dios. La Biblia no guarda silencio sobre el tema del adorno. Algunos pasajes del Antiguo Testamento parecen contradecir la posición de la Iglesia; sin embargo, cuando son divididos (trazados) correctamente, éstos fortifican dicha posición. Por ejemplo, después del viaje del Patriarca Jacob a Harán, que era territorio pagano, Dios le ordenó que regresara a Betel, la casa de Dios (Gn. 28:10-17), un tipo de la futura Iglesia de Dios. Jacob recordó su maravillosa experiencia en Betel, y aunque él, su familia y los que con él estaban, aparentemente se habían envuelto en las prácticas paganas hasta cierto punto (Gn. 31:19b), sintió temor de regresar a Betel con las imágenes y joyas de adoración pagana que tenían. El le ordenó a su familia que se deshicieran de los " ... dioses ajenos ... y de los zarcillos que estaban en sus orejas ... " (Gn. 35:2, 4). No había necesidad legítima para aquellas cosas en ese tiempo.

De igual manera, antes de que las personas salvas puedan hacerse miembros de La Iglesia de Dios, tienen que quitarse sus joyas y deshacerse de todas las prácticas prohibidas del mundo y de origen pagano.

Otro incidente del Antiguo Testamento unos 240 años después del regreso de Jacob es a veces citado como una defensa supuesta del uso de joyas de plata y oro. (Lea Exodo 11:2, 3.) El Mismo Dios ordenó a los israelitas que salían de Egipto que tomaran joyas prestadas de todos sus vecinos. Pero dos otros incidentes hicieron aparente el propósito de El al dar tal mandato. Primero, El les mostró las terribles consecuencias de usar aquellas joyas para el propósito erróneo (Ex. 32:1-6). Mientras Moisés estaba en la montaña recibiendo los mandamientos y las instrucciones detalladas para la construcción del tabernáculo, el pueblo se corrompió. Ya estaban usando las joyas, tanto los hombres como las mujeres, y a demanda de Aarón, ellos le entregaron sus joyas para preparar la imagen de un becerro de oro. Luego los que se rebelaron, dijeron: "Israel, estos (las joyas con las cuales hicieron el becerro) son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto" (Ex. 32:4). Después de ofrecer ofrendas encendidas y pacíficas, su adoración vana es resumida en las siguientes palabras: " ... y sentóse el pueblo á comer y á beber, (mientras adoraban al becerro) y levantáronse á regocijarse" (V 6). Cuando Moisés descendió del monte, los encontró danzando, dando exclamaciones y cantando ante el ídolo (Vs. 17-19). Moisés descendió airado, y tomando el becerro de oro, lo hizo polvo; luego lo derramó en las aguas e hizo que el pueblo las bebiera. De esa manera podemos ver el juicio de la ira de Dios sobre esa cuestión (Ex. 32:7-14). Aunque Dios se arrepintió de Su ira, ellos tuvieron que padecer por las consecuencias de su pecado. Segundo, a su debido tiempo, Dios reveló Su propósito para el resto de las joyas, plata y oro que el pueblo tomó prestado (Ex. 35:4, 5, 20-29). Estas tenían que ser usadas para adornar el tabernáculo, y no los cuerpos de las personas. El pecado no estaba en la joyas y otros materiales, sino en los corazones arrogantes y carnales del pueblo. (Lea también a Isaías 1:1-24.)

Mientras La Iglesia de Dios esté en este mundo, habrá necesidad del oro y la plata para financiar la obra que Dios ha comisionado. No obstante, no deberán ser utilizadas para fomentar la vanidad y las demostraciones vanas.

Dos escritores del Nuevo Testamento citan el asunto del adorno. En 1 Timoteo 2:8-10, el Apóstol Pablo declara porfiadamente: "Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias, (sin adornos), sin ira ni contienda. Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia (con vestiduras santas y humildes); no con cabellos encrespados, u oro, ó perlas, ó vestidos costosos. Sino de buenas obras, como conviene á mujeres que profesan piedad".

En casi las mismas palabras, el Apóstol Pedro concordó con Pablo (lea 1 Pedro 3:3-5). Aunque el modo de "vestir" no es el tópico bajo consideración aquí, está claramente relacionado con el adorno, ya que el oro y otras decoraciones mundanas y soberbias a menudo son usadas en las vestiduras. Estas son la evidencia de una vida vanagloriosa y mundana. La vanidad u orgullo es severamente condenado en la Biblia. Por ejemplo: "Los ojos altivos", encabeza la lista de las primeras siete cosas que Dios aborrece o que son de Su abominación (Pr. 6:16, 17). Luego el Apóstol Juan cita "los ojos altivos" como una de las tres atracciones hacia la mundanalidad.

El cristiano no puede amar las "cosas" del mundo (1 Jn. 2:15, 16). Santiago, el primer Supervisor de la Iglesia primitiva, agregó énfasis con las siguientes palabras: " ... ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" (Stg. 4:4). La Iglesia de Dios es el cumplimiento de las profecías, tipos y sombras del Antiguo Testamento en. el Nuevo Testamento. En la era del Antiguo Testamento, algunas cosas fueron "sufridas", o permitidas (lea Mt. 19:3-9); no obstante, Jesús vino para restaurar el orden original de las cosas, y Su Iglesia es al presente el agente en tal restauración. Por lo tanto, es responsabilidad de la Iglesia pararse firme o defender la doctrina "contra el uso del oro como ornamento o decoración", en conjunción con la mundanalidad en cualquier forma o moda.

Algunos contienden que el uso del anillo matrimonial debe ser una excepción; no obstante, una investigación intensa ha revelado que el anillo matrimonial tuvo su origen de una práctica pagana, en conjunción con muchos otros de los usos de joyas y adornos. El origen de estas costumbres y tradiciones vanas, comprueba que no tenían absolutamente ningún significado cristiano. Por consiguiente, la aceptación y uso de esas cosas paganas no son de valor alguno. Es por tal raz6n que la Biblia enseña contra ellas.

En el último libro de la Biblia: "La Revelación de Jesucristo", el Nuevo Testamento habla de dos mujeres, estableciendo un contraste deslumbrante entre ellas: Una aparece " ... vestida de púrpura y de escarlata, y dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas, teniendo un cáliz de oro en su mano lleno de abominaciones y de la suciedad de su fornicación; Y en su frente un nombre escrito: MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS FORNICACIONES Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA" (Ap. 17:4, 5).

"Babilonia" significa confusión, y es descrita como el denominacionalismo cristiano en su resultado eventual como la "Iglesia Mundial", la cual se está formando al presente, y compuesta de todas las religiones.

La otra mujer es la esposa del Cordero: "Y le fué dado que se vista de lino fino, limpio y brillante: porque el lino fino son las justificaciones de los santos" (Ap. 19:7, 8). ¡Qué contraste! Una Iglesia de Satanás y su anticristo; la otra, La Iglesia de Dios aparejada en su vestidura de boda pura y de lino fino. El destino de una es el lago de fuego y azufre; el de la otra, la Nueva Jerusalén, la eternidad con Cristo.

En el tiempo presente, la Iglesia está comprometida con Cristo (2 Co. 11:2). El Esposo está tan enamorado de Su Iglesia, que se dio por ella; y al presente la está limpiando y santificando "con el lavacro del agua por la palabra" (Ef. 5:24-27). Por supuesto que tiene que alcanzar la meta de la perfección, que es la marca de ser "una Iglesia gloriosa" – una "virgen casta" y sin la contaminación de los adornos de este mundo. Cristo Mismo proveerá su "adorno".

"Ven acá, yo te mostraré la esposa, mujer del Cordero. Y llevóme en Espíritu á un grande y alto monte, y me mostró la grande ciudad santa de Jerusalem, que descendía del cielo de Dios, (después de las bodas). Teniendo la claridad de Dios: y su luz era semejante á una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal ... "Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados de toda piedra preciosa. Y las doce puertas eran doce perlas, en cada una, una; cada puerta era de una perla. Y la plaza de la ciudad era de oro puro como vidrio trasparente". (Ap. 21:9-11; 13, 1~21).

No podemos darnos el lujo de rebajar esta gloriosa revelación por medio del uso de productos sin refinar en este presente mundo. Nos conviene estar bien atentos a todo lo que esté relacionado con la mujer que cabalga sobre la bestia, y hacer caso omiso de todo lo que sea una mancha, arruga o impureza sobre la vestidura pura de la virgen novia del Cordero.