AYUDA ESPIRITUAL

Sermones de La Iglesia de Dios

Entrañablemente de Corazón Puro

"Habiendo purificado vuestras almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en amor hermanable sin fingimiento, amaos unos a otros entrañablemente de corazón puro" (1 P. 1:22). Contenido en esta escritura está una declaración experiencia! por la cual uno es mandado a AMAR. En otras palabras, la experiencia declarada tiene que haber ocurrido antes de que el mandamiento pueda ser logrado. ¿Qué es esa experiencia?

Pedro le escribe a una gente que ha "purificado [sus] almas". Él reconoce que esto fue logrado mediante un acto del Espíritu en respuesta a su obediencia de la verdad. El resultado final fue un "amor hermanable sin fingimiento". Algunos sinónimos de "sin fingimiento" son: verdadero, genuino y sincero. Obedecer la verdad para la purificación del alma, lo cual produce un amor hermanable sin fingimiento, es la experiencia a la cual se hace referencia. Con esta experiencia uno puede ser el guarda de su hermano (Gn. 4:9), además de cumplir el segundo de los dos grandes mandamientos, "Amaras a tu prójimo como a ti mismo" (Mt. 22:39).

Cuando uno llega a ser salvo, santificado o recibe el Espíritu Santo se dice que él ha recibido una experiencia. Esto es verdad y un objetivo muy necesario para todos, pero también es muy necesario que uno desee la purificación de su alma. La experiencia de la salvación trata con los pecados cometidos, la experiencia de la santificación trata con la naturaleza adámica que contribuye al pecado del hombre y la experiencia de la morada interna del Espíritu Santo es aquel poder para el servicio, o para servir al Señor agradablemente. ¡El reto es hacerlo! Este es el mensaje de Pedro. Tienen la experiencia, ahora "...Amaos uno a otros entrañablemente de corazón puro"

¿Puede esta ser la grande necesidad de la Iglesia en esta hora? Examinemos algunas realidades del tiempo antes de la reorganización de la Iglesia. Después de un tiempo breve de crecimiento inmenso en la Iglesia, las ambiciones personales para el futuro de la Iglesia desataron una ola de discusiones. Esto remplazo el contendáis "...eficazmente por la fe que ha sido una vez dada a los santos" (Jud. 1:3) que nos había reunido. Una disrupción de nuestra relación de amor fue el resultado final. Antes de esto nosotros pacientemente orábamos y ayunábamos juntos hasta que estuviéramos seguros de la guianza del Espíritu. Sin embargo, después de que el equilibrio de nuestro amor hacia el prójimo fue desbaratado, la contienda innecesaria remplazó la oración y el ayuno que nos mantenía en ese delicado equilibrio de unida. El Supervisor General Robert J. Pruitt, mediante la unción del Espíritu Santo, se esforzó para advertirnos de este problema inminente. Un estudio de sus Mensajes Anuales verificará la verdad de la declaración antedicha.

Inmediatamente después de la instalación del Obispo Stephen E. Smith como Supervisor General, él, reconociendo la condición de la Iglesia, animó la Iglesia a buscar el PERFECTO AMOR. Su paciencia y ejemple-para conducir con amor, aun bajo ataque personal, ha ayudado a la Iglesia evitar aun mayores calamidades. No todos están felices hoy, por consiguiente no hemos regresado a ese equilibrio de amor maravilloso que disfrutamos después de la reorganización. Algunos que experimentaron la Asamblea Solemne y todas las manifestaciones hermosas y poderosas de Dios recordarán la admonición del Espíritu: "Tengo que ensenarles a amar''. Otros se han olvidado y han permitido que los acontecimientos y las circunstancias los desanimen de modo que se enfrían en su fervor o abandonan La Iglesia de Dios. ¡Qué triste!

Con un mundo para evangelizar, miembros de la familia y amigos quienes están perdidos, vecinos a los cuales administrar y las sanidades tan desesperadamente necesarias en todo lugar, ¿por qué no clamar a voz en cuello para descubrir de nuevo nuestro amor los unos por los otros? Jesús dijo: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos hacia los otros" (Jn. 13:35). Donde el amor no abunda el crecimiento de la Iglesia se detiene. ¿El motivo? Aquellos que vendrán a nuestra comunión podrán sentir esta condición. Importa poco cuán vigorosamente contendamos por santidad, una atmósfera que carece de santidad se discierne fácilmente. Además, importa poco cuán arduo trabajemos para crecer la Iglesia si en el proceso la dividimos.

¿Acaso no deberá haber diferencias entre nosotros? Algunos dirán que es inevitable. Es natural cuando un gran grupo de personas se juntan para tener alguna contención. Eso sería verdad si estuviésemos hablando de cualquier organización que no fuera la Iglesia. Todos hemos entrado a la Iglesia bajo el mismo contrato (pacto) que estipula nuestra conducta. Nosotros dijimos que aceptaríamos la Biblia como nuestra regla de fe, practica, gobierno y disciplina. Si todos fuesen fiel a esa promesa no habría pleitos o desacuerdos (la falta de acuerdo o armonía; desacuerdo entre aquellos que se espera deberán cooperar). Puede que haya tiempos cuando no todos estén de acuerdo. Yo recuerdo la lucha que tuve con la idea de la reorganización. Yo no fui aislado. No, los hermanos que más fuerte se sentían me abrazaron y hablaron y oraron conmigo. El amor busca la manera de comunicar. Pero cuando el amor es remplazado por la obstinación de uno, la contienda se voltea en contención y el amor es fingido (artificial, no sincero, disfrazado o falso). En ese momento se pudiera decir que el "amor hermanable sin fingimiento" es comprometido.

Lucas observa, "El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca" (Le. 6:45). ¿Qué secretos del corazón son revelados cuando usted habla? ¿Estás atrayendo la multitud a Jesús? ¿O, posiblemente estarás reuniendo un grupo para ganar tu causa? ¡Hay una diferencia! Los que reúne grupos han llevado discípulos tras sí. (Hechos 20:30), pero cuando uno ama con UN AMOR HERMANABLE SIN FINGIMIENTO él atrae gente a Jesús e inspira confraternidad entre los santos.

Obispo Ray D. Dupre, Secretario de Campo

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