OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

Oscar Pimentel, Supervisor General

La Iglesia de Dios

“Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y fuése, pues tenía a su disposición todos los bienes de su señor: y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nachôr. E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, a la hora en que salen las mozas por agua. Y dijo: Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua: Sea, pues, que la moza a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos: que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor” (Gn. 24:10-14).

El criado mayor de Abraham, Eliezer, fue un hombre con una misión. Él tomó de su señor los bienes que se le darían como regalo a la doncella, y a la familia, que se convertiría en la esposa del hijo de Abraham. Es evidente que cuando el siervo llegó a la ciudad que fue enviado, sintió el peso de la responsabilidad que se le impuso. Estoy casi seguro de que la pesadez de la responsabilidad se sintió desde el momento en que entendió las instrucciones de Abraham, y esta pesadez lo acompañó durante todo su viaje a Mesopotamia.

Imagine este tremendo deber de encontrar la ayuda adecuada para el hijo de su señor. Sin duda, entendió que una tarea tan seria solo permitía “un esfuerzo,” por así decirlo, y que no podía permitirse cometer un solo error. Tenia que estar seguro de que esta doncella era la correcta, la adecuada, la que estaba dispuesta.

Entonces, ¿qué hizo este hombre bajo una obligación tan seria? ¡Él oró! Él levantó su voz al Dios del cielo para que lo guiara. Además, oró para que la doncella fuera sensible a su necesidad, lo que a su vez serviría como un indicador de que era ella quien debería ser la esposa de Isaac de entre muchas hijas de hombres que venían a sacar agua del pozo.

“Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Bethuel, hijo de Milca, mujer de Nachôr hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. Y la moza era de muy hermoso aspecto, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía” (Gn. 24:15,16).

Allí cerca del pozo, el criado esperó pacientemente y observó. Mientras observaba, él debió haberla visto llenar su cántaro y luego llevarlo sobre su hombro y comenzar a abandonar el área donde estaban. La Biblia dice que, “descendió a la fuente.” Leí en algún lugar que algunos de estos pozos tenían largas escaleras construidas para proporcionar un acceso conveniente. Algunos pozos tenían 30, 75 o más pies de profundidad y las mujeres vendrían y llenarían sus cantaros en estos pozos.

¿Era ella la indicada? Ella era joven, era bonita, había venido al pozo, ¿podría ser ella? Por supuesto, él tendría su respuesta si ella se ajustaba al patrón descrito en su oración. Para Rebeca, era la hora de la tarde, la hora en que las mujeres solían venir a sacar agua, posiblemente al atardecer. ¿Pasaría de prisa donde él y sus acompañantes estaban porque era tarde y tenía que caminar algo de distancia para llegar a su casa siendo que el pozo estaba fuera de la ciudad? ¿Qué encontraría él en ella? ¿Ella lo esperaría y demostraría un espíritu de servicio? ¿Estaría ella demasiado ocupada para darle un trago de agua a este desconocido? Esa agua que había sacado del pozo era su salvación, después de todo, tenían sed y estaban cansados del largo viaje.

“Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Ruégote que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. Y ella respondió: Bebe, señor mío: y dióse prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber” (Gn. 24:17,18). Mírele ahora, la virtuosa Rebeca, a quien Dios había preparado y quien también estaba cumpliendo con sus deberes diarios de ir a buscar agua con un espíritu natural desinteresado y sensible a las necesidades de los demás. Por ese mismo espíritu desinteresado y la actitud de servicio, sin saberlo, le demostraría a Eliezer su selección divina. No fue una “actuación” de su parte, ninguna audición, solo era ella siendo ella. Que momento tan tenso debe haber sido cuando él corrió a encontrarse con ella. Eliezer no está seguro del resultado, pero está ansioso por saberlo lo antes posible, y ciertamente es imaginable que Rebeca se haya preguntado por un breve momento quién era este extraño.

Al examinar algunos de los detalles de lo que sucedió durante este breve periodo de tiempo, desde la llegada del criado, hasta la oración y la aparición de Rebeca, nos recuerda la maravillosa y gloriosa relación que existe hoy entre Cristo y Su Iglesia. También pone de manifiesto lo que debe ser por naturaleza la devoción, la sensibilidad, la responsabilidad y la ética de trabajo de La Iglesia de Dios en todas partes, en todo momento, entre todas las personas.

Hay una oración que Cristo pronunció en Juan 17:6-23 a partir de la cual podemos juntar una lista de lo que Cristo encontró y deseó encontrar en Su Esposa. Piense en esta lista como requisitos que debían cumplir los elegidos para ser la Esposa del Hijo de Dios. Al igual que la oración de Eliezer sobre la doncella que sería la esposa del hijo de su amo, la institución que afirma ser la Esposa Verdadera de Cristo debe ajustarse al patrón de la oración del Hijo de Dios. Escuche extractos de la oración de Cristo: “Guardaron tu palabra,” “Las palabras que me diste… ellos las recibieron” (mientras que los grupos llamados iglesias en todas partes renuncian a la Palabra, ¡Su Iglesia la guarda!), “Han creído que tú me enviaste” (Su Iglesia declara: ¡Tú eres el Hijo del Dios viviente!), “He sido glorificado,” “Guárdalos por Tu nombre” (La Iglesia de Dios es Su propio nombre), “El mundo los aborreció, porque no son del mundo,” “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal,” “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad,” “También los he enviado al mundo,” “Los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Un mensaje del evangelio que comparte la Iglesia), “Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa” (Hablando y cuidando las mismas cosas. Caminando por la misma norma), “Para que sean consumadamente una cosa.”

Estas cosas, entre otras, Dios requiere de Ella y ellos sirven como indicadores para los hijos de Dios de que, de todas las “hijas” que viene a “sacar agua” del pozo del Agua Viva, Ella es la elegida y divinamente seleccionada para Cristo nuestro Rey. La Biblia dice, “Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin cuento: Mas una es la paloma mía, la perfecta mía…” (Cantares 6:8,9), y otra vez “Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepujaste a todas” (Pr 31:29). Rebeca no fue elegida porque era “de muy hermoso aspecto” o por ser “virgen,” pero porque se ajustaba al patrón de un servidor, y lo mismo sucede con la Iglesia. De acuerdo con las Escrituras, hay muchos grupos de cristianos buenos y puros que hacen un buen trabajo, pero no son la Esposa de Cristo porque no encajan con el patrón de la oración de Cristo. No habría sido suficiente para Eliezer que Rebeca fuera simplemente bonita y virgen, pero también tenía que ajustarse al patrón de lo que oró a Dios con respecto a ella. La Iglesia verdadera se presentará a Cristo, una Iglesia gloriosa y una virgen pura, y Ella encajará con el patrón que se oró al Padre sobre Ella y todos los tipos y sombras del Antiguo Testamento.

“Y cuando acabó de darle a beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. Y diose prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado o no su viaje” (Gn. 24:19,21).

Algunos dicen que los cantaros que llevaban las mujeres podría contener entre 3-5 galones, lo que equivale a aproximadamente 30-50 libras cuando se calcula el peso de los propios cantaros de agua. El siervo solo preguntó, “un poco de agua de tu cántaro,” pero obsérvela ahora, la virtuosa Rebeca, un tipo y sombra de La Iglesia de Dios, busca la oportunidad de hacer algo bueno y va más allá de lo que se le había pedido. Un hombre escribió, “Ahora calcule que un camello sediento puede beber al menos 10 galones, y que los hombres también bebían un mínimo de 3 galones después de su viaje por el desierto. Los cantaros de agua que llevaban las mujeres contenían aproximadamente 3 galones y habrían pesado treinta libras [lo mismo que aproximadamente 4 galones de leche] cuando estaban llenos. Así que el volumen total de agua que esta querida mujer con corazón de sierva sacó de ese pozo ese día fue aproximadamente 103 galones; alrededor de 34 viajes [esa tarde], cargando alrededor de 30 libras cada viaje. ¿Comprende la situación? Esto no fue una pequeña prueba.”

Si hubiera tenido un espíritu diferente, podría haberle dicho al hombre que no tenía tiempo para ayudarlo, o podría ella haber sentido que no tenía la obligación de bajar el cántaro de su hombro, después de todo, eran desconocidos para ella. Sin embargo, ella nunca tiene ningún tipo de motivación que no sea demostrar bondad hacia otra persona que lo necesita. Independientemente de todo el trabajo que pueda requerir, la Iglesia, como Rebeca, debe ser sensible y tener un corazón de servidor y aprender a obedecer los llamamientos del Maestro. Rebeca le importó poco lo que ya había pasado para sacar agua, no se quejó de lo tarde que era ni de lo lejos que tenía que caminar para llegar a las comodidades de su hogar para seguir adelante con su día.

Debemos tener cuidado, Iglesia, con estar demasiado ocupados entre nosotros mismos, ocupados corriendo hacia y desde, ocupados con todas nuestras actividades internas, ocupados con todos nuestros programas que nos olvidamos de los extraños que se acercan a nosotros que necesitan oración, que necesitan una palabra o expresión amable, y lo más importante, el agua espiritual para beber. No es demasiado difícil ser superado en el ajetreo de las responsabilidades de nuestra iglesia. No es difícil ser superado por la actividad de nuestros deberes administrativos de la iglesia. Es muy posible que, en algún lugar de nuestro viaje, hayamos sido culpables de pasar, ya sea por un alma sedienta y necesitada, porque teníamos el “tiempo justo” o tal vez “se hacía tarde para algún compromiso” o “cita previa.” Tal vez pasamos un alma simplemente porque sentimos que una parte de nuestra rutina diaria, el tiempo familiar, el evento programado semanalmente, una salida anual de algún tipo, no se podía abandonar, ni siquiera por un ser querido ni mucho menos por un desconocido. Algunas de las palabras más dulces que un alma perdida ha escuchado son las de alguien que simplemente se detuvo cuando andaba por ahí y tomó el tiempo para decir, “Quiero hablarte acerca de Jesús” y cambió el curso de sus vidas.

Mírela ahora, la virtuosa Rebeca, ella está ansiosa por servir. Ella no solo les dio a los hombres agua para beber sino dijo, “para tus camellos sacaré agua” esto no fue pedido y ciertamente no se esperaba de ella. ¿Algunas vez ha estado ansioso por estar al servicio del Señor? ¿Alguna vez ha sido acusado y perseguido por buscar el bienestar de otros? Algunas personas lo han hecho, Nehemías hizo enojar a algunas personas porque se atrevió a buscar el bienestar de otras personas. El diablo no estará feliz cuando el pueblo de Dios realmente comience a buscar el bienestar de los demás, especialmente el bienestar espiritual de los demás, pero no estamos aquí para hacerlo feliz, estamos aquí para complacer al Señor.

Su disposición de hacer el bien a los demás, olvidarse de sí misma y su ética de trabajo parece fluir naturalmente de ella, brota de ella. Iglesia de Dios, tomemos su ejemplo, ¡vamos a alcanzar y seguir el patrón establecido delante de nosotros! Rebeca, esta gran mujer de Dios, no pararía hasta que todos tuvieran la oportunidad de beber. ¿Cuánto más entonces debería la Iglesia trabajar y obrar sin parar hasta que cada alma haya tenido la oportunidad de beber del Agua de la Vida? La Biblia dice que Rebeca, “corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos…” Oh, parece que su espíritu de servicio no puede ser igualado en la era actual de un mundo narcisista y entre la llamada cultura cristiana que está en gran parte interesada solo en su pequeño grupo de amigos. Pero usted y yo, Iglesia de Dios, mirando la humanidad perdida y moribunda, ¿no deberíamos correr de nuevo a la Fuente de Vida que no se seca, correr hacia Jesús y estar llenos con Su Espíritu Santo de modo que tengamos mucho para dar, a todo aquel que encontremos?

La Iglesia como un servidor no debe dudar de hacer algo amable e incluso ir más allá de nuestro servicio razonable. La Iglesia no debe dudar frente a las multitudes sedientas y cansadas que necesitan agua espiritual, sino que debemos trabajar y hacer todo lo posible para bajar al pozo y ponernos de rodillas y “EXTRAER” el Agua Viva para dar un poco de agua de nuestro cántaro. ¡Tenemos que tener algo para dar algo! Al igual que Rebeca, no ocupemos nada de nuestro tiempo cuestionando si es realmente necesario, ¡pero seamos rápidos para satisfacer la solicitud!

Eliezer y los otros hombres que viajaron con él no eran hombres indefensos, sino hombres físicamente capaces. Podrían haber bajado y sacado agua para ellos y sus camellos. Sin embargo, Eliezer observó y se preguntó si ella se ajustaba al patrón de un corazón de servidor. Rebeca no era una sirvienta, y no tenía necesidad ni razón para hacer lo que ella escogió hacer. De la misma manera, nuestro Dios está bien capacitado, y Él realmente no necesita que hagamos nada por Él, pero Él está observando a la Iglesia, preguntándose si obedeceremos y estaremos dispuestos a ayudar a los necesitados con el corazón de un servidor.

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