OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

Oscar Pimentel, Supervisor General, La Iglesia de Dios


Aunque uno podría pensar que la pregunta que se plantea en el título de este artículo es extraña, no lo es ya que es una pregunta que me enfrenté recientemente en una de nuestras iglesias locales cuando un buen miembro se me acercó y me hizo esta pregunta con un corazón sincero. Este miembro de La Iglesia de Dios, aunque ha sido cristiano y miembro por pacto de La Iglesia de Dios por algún tiempo aun tiene que recibir esta bendita experiencia.


No es difícil de creer que tal vez uno (o algunos) de nuestros lectores puedan estar en la misma situación que el amado santo mencionado arriba. ¿Cuál es la preocupación del amado miembro? Que muchos en la iglesia local, incluyendo este miembro, aún no han recibido el bautismo del Espíritu Santo. En su mente, y posiblemente incluso en el corazón, la idea de que tal vez el bautismo del Espíritu Santo no es para todos los cristianos, sino solo para algunas personas selectas, comenzó a abrirse paso y asentarse en él.


Estimado lector tengo el placer de informarle que, de acuerdo con la Biblia, “el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios” es dado “a los que le obedecen” (Hechos 5:32). Escrituralmente se considera “un don” (Hechos 2:38), y “la promesa del Padre” (Hechos 1:4). Cuando Simón, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, ofreció darles dinero para recibir el Espíritu Santo (Hechos 8:18), él fue severamente reprendido por creer que Él estaba a la venta. El Espíritu Santo no puede ser comprado con dinero. El Espíritu Santo no es “un buen artículo para tener” o un accesorio que se puede comprar en los estantes de los supermercados de hoy. Es una promesa de Dios y un don para todos los que le obedecen.


Jesús, en referencia al Espíritu Santo del cielo, dijo: “Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré” (Juan 16:7). Tan duro como la vida puede ser, con todas sus desilusiones, penas, tentaciones, incertidumbres, engaños, etc., con los cuales el hombre puede enfrentarse, no es de extrañar que el Señor dejó en claro que era provechoso para nosotros que Él se fuera y que el Espíritu Santo viniera. Nuestro beneficio no fue el hecho de que Cristo ascendió al Padre, sino que al llegar a la gloria Cristo oraría al Padre, “Envía a mis discípulos el Espíritu Santo.”


La morada del Espíritu Santo en el hombre interior nos da la audacia para enfrentar lo que pueda venir en la vida. ¡La gracia de Dios es suficiente, sí, pero Su Espíritu Santo es poder! ¡Poder para testificar de la bondad de Dios! ¡Poder para vencer al diablo! ¡Poder para predicar el evangelio! ¡Poder para pelar la buena batalla de la fe! ¡Poder para vivir en este mundo sin ser tocado por él! Debemos tener este poder, “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires” (Ef. 6:12).


Uno no tiene que ser un gran “alguien,” ni en la sociedad ni en la cristiandad en general para calificar para recibir el bautismo del Espíritu Santo. No tiene que ser de un área en particular del mundo, ni es necesario tener conexiones o una relación con aquellos a quienes algunos podrían considerar ser de los “niveles más altos” de la religión cristiana.


Puedo ser alfabetizado o analfabeto. Puedo tener estudios o no estudios. Puedo ser rico o pobre. Puedo estar enfermo en el cuerpo o sano en el cuerpo. Puedo estar en la penitenciaría o ser un hombre libre. Ningunas de estas cosas me calificará o me descalificará para esta bendición especial. Lo que es más crítico y en toda verdad, es el punto de partida del deseo de Dios para la vida de una persona en este sentido, es que primero debe arrepentirse de sus pecados y a partir de allí, caminar en completa obediencia al Señor, incluso cuando Él lo guía. Uno debe cumplir Su palabra y Su voluntad en su vida—caminar en la luz de la Palabra a lo mejor de su conocimiento y habilidad. Entonces no habrá ninguna razón por la que no pueda recibir lo que el Padre ha prometido y lo que se ha dado como un don de Dios.


¿A quién le dará Dios el Espíritu Santo? “…a los que le obedecen.” ¿Qué debemos obedecer? La respuesta es simple. Debemos obedecer la Biblia correctamente dividida y la guía del Espíritu Santo. Debemos escuchar esa voz tranquila y pequeña mientras Él habla a nuestro corazón (cuya guía nunca será contraria a las Escrituras).


Jesús sabía mucho sobre este tema de obediencia. De hecho, Cristo diría, “lo que a él agrada, hago siempre” (Juan 8:29). Él no hizo cosas para complacerse así mismo, sino todo lo que agradaba a Dios, el Padre. Lo que el Padre ordenó que hiciera, Él hizo. Cualquiera que fuera el deseo del Padre, el Hijo lo cumplió.


El registro bíblico afirma que Jesucristo, “hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8). Hay algo en este asunto de “humillarse a uno mismo.” “Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará” (Santiago 4:10), “…Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). La humildad es la manera y el espíritu en el que uno debe acercarse a Dios si queremos obtener su atención para que pueda satisfacer nuestras necesidades. Recuerde, cuando oramos, entramos en la presencia del Dios del universo y Él debe ser abordado con temor y temblor. ¡Contemplando Su majestad, santidad y la gloria trascendente, seguramente atraerá el honor, reverencia y temor desde lo más profundo de nuestro corazón! Solo el mero hecho de que podemos hablar con Dios de toda la creación debería evocar una actitud humilde e infantil en lo más profundo de nuestro ser.


Cristo siendo obediente hasta la muerte, incluso la muerte de cruz es ciertamente algo que todos debemos considerar. Si cree que las cosas que Dios le pedirá siempre serán fáciles, piense de nuevo. Si cree que siempre va a entender por qué Dios le está pidiendo que le obedezca con respecto a determinada cosa, piense de nuevo. Si Él pidió de Su Hijo no una cosa fácil sino obedecer hasta la muerte–poner Su vida–¿Qué podría pedirle a usted y a mí? Si Él pidió a Su Hijo dejar las comodidades del cielo, ¿Qué podría pedirle a usted y a mi dejar? El Hijo de Dios no solo estaba dispuesto a obedecer en las cosas fáciles, por así decirlo, sino sobre todo en las cosas difíciles y terribles que se le pidieron. ¿No se alegra de que lo haya hecho?


Descubrí que en mi intento de recibir el bautismo del Espíritu Santo hubo mucho tiempo de búsqueda de corazón y de alma que se desarrollaron en oración privada y en el altar en los servicios de nuestra iglesia local. Hubo algunas cosas que tuve que resolver con el Señor, ya que me mostró áreas de mi vida que no eran tan evidentes para mí a primera vista. Sin embargo, en todos los casos Dios me acercó a Él y en todos los casos me bendijo de una manera especial hasta que un día, en el servicio del domingo por la mañana, después de que el predicador terminó de predicar, doblé mis rodillas en el altar e invité al Señor. ¡El poder de Dios bajó en un momento estimulante y fui bautizado con el Espíritu Santo y fuego, con la evidencia de hablar en otras lenguas como el Espíritu daba que hablase!


Quizás sea el momento para usted, amado hermano, que ha estado esperando pacientemente el bautismo del Espíritu Santo, comenzar a buscar pacientemente las cámaras de su corazón. Ciertamente no hay nada malo en buscar en nuestros corazones y aún mejor, extender una invitación al Señor para que nos ayude con esta investigación, como David quien dijo, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Sal. 139:23, 24). Puedo decirle que al final, los tiempos de oración, la humildad, la búsqueda, la súplica y la corrección valieron la pena.


Poco antes de la ascensión de Cristo al cielo, Él dijo a los discípulos que se quedaran en la ciudad de Jerusalem y “esperasen la promesa del Padre” (Hechos 1:4). Mientras que puede haber un periodo de espera que solo Dios determina, el cual es según su propio consejo y para el propósito destinado por Dios, muchos lo han experimentado todo en una vez, en un viaje singular, de un pecador condenado por Dios a un altar de oración, esa búsqueda espiritual y glorioso del poder de Dios que trae del perdón de los pecados a la salvación, la santificación instantánea completa, ¡El bautismo del Espíritu Santo!


Es cierto que, para otros, tuvimos que esperar un poco más de lo que esperábamos, quizás más tiempo de lo que anticipamos, quizás más tiempo del que Dios quería, pero como escuché hace poco, ¡Dios es un seguro “Pagador” y cumplirá Su promesa!


El bautismo del Espíritu Santo es para todos “los que le obedecen” y si usted lo busca, usted lo encontrará cuando lo busque, “Y me buscaréis, y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

Contactenos