OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

Christopher Clarkson – Palatka, FL


“Yo soy de mi amado, y mi amado es mío” (Cantares 6:3). Los Cantares de Salomón son una historia de amor llena de poderosas imágenes. La palabra amado conlleva la idea de anhelar a alguien y preferirlo por sobre todos los demás. En este libro vemos un amor apasionado entre el rey y su “esposa elegida.” Describen su amor y atracción del uno para el otro; su deseo de estar juntos y la tristeza cuando están separados. ¡Oh, qué maravillosos elogios estas dos almas “enfermas de amor” otorgan mientras hablan de la profundidad de su amor y la búsqueda sin fin de cada uno!


Una hermosa tipología de Cristo y Su Iglesia nos es revela a través de “El Cantar de los Cantares de Salomón.” Cuando estas dos personas usan mucho simbolismo en su descripción del uno del otro y su relación, emerge una imagen maravillosa de las características de la esposa de Cristo (La Iglesia de Dios) y el Esposo (Jesús). Analicemos este cantar y demos un pequeño vistazo a este maravilloso libro llamado “El Cantar de los Cantares.”


“¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo, sahumada de mirra y de incienso, y de todos polvos aromáticos?” (Cant. 3:6). Se desconoce si este versículo habla del rey o de su novia. Qué hermoso pensamiento que a cualquiera pudo ser atribuido esta descripción. Cuando salen de un lugar de oscuridad, se nota rápidamente que, aunque la identidad aún no se revela, las características son de una mujer que está bien privilegiada o de la realeza. Ninguna persona ordinaria podría permitirse un adorno tan caro como aquí se representa. Aunque se adorna con todos los polvos del comerciante, se notan dos perfumes. Estos perfumes (aceites, incienso), mirra e incienso, eran muy apreciados, conocidos por ser extremadamente poco común y caros, y de gran variedad de usos, incluido medicinales. Su valor era incluso mayor que el oro. Descrito como “columnita de humo” obviamente no hay moderación en el uso de estos perfumes.


La mirra y el incienso son similares en muchos sentidos y son mencionadas en todas las Sagradas Escrituras. Los árboles que producen estos perfumes se encuentran predominantemente en la Península Arábica, por lo que son extremadamente raros. Para extraer los perfumes de estos árboles se hace exactamente de la misma manera; los arboles son lacerados repetidamente cortándolos. Esto cortes perforan los depósitos dentro de la corteza de los árboles y la savia fluye lentamente de ellos y gotea por el árbol. La mirra “el príncipe de las especias” significa gotear, un flujo hacia abajo, una gota. También significa ser amargo. El incienso conocido como “un regalo del desierto” y como el “aroma de la purificación” significa blanco y corazón. Tanto la mirra como el incienso, aunque son descritos como embriagantes, dulces y agradables en sus aromas, son amargos al gusto. Las gotitas de savia llamadas “lagrimas” se recolectan cuidadosamente y se procesan para obtener perfume, aceite o incienso. En algún momento se valoraron más que el oro por su escasez, aroma y cualidades curativas.


“Cuanto a Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él” (Hch. 10:38). Jesús, el Rey de reyes, podría describirse como el que sube del desierto o la oscuridad. Su llegada mansa y humilde a este mundo no era indicativa de realeza, sino más bien de un pobre. Sin embargo, siendo ungido por el Espíritu Santo, tenía todos los polvos del mercader para hacer el bien. Nada faltaba en Jesús. Él demostró perfectamente todo el fruto del Espíritu, enseñó la doctrina del Padre, y “anduvo haciendo bienes.” Sin embargo, con todo el bien que logró, Su propósito fue buscar y salvar lo que se había perdido; ser un Médico para aquellos que estaban enfermos. En el ministerio de Cristo se muestran dos poderosas demostraciones de la voluntad y provisión de Dios para el hombre. Jesús estuvo cerca “sanando a todos los oprimidos del diablo.” Dios nos dice, “Yo soy Jehová tu Sanador” y “El que perdona todas tus iniquidades; el que sana todas tus dolencias.” El más costoso de todos los perfumes fue encontrado en Cristo. El precio fue grande, pero se humilló a Sí mismo y se hizo obediente a la voluntad del Padre. Él bebió el trago amargo y “herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.” Él llevo nuestros pecados y enfermedades y fue golpeado con muchas llagas y lastimado con muchas heridas. Su carne fue perforada una y otra vez y fluyó la sangre del Salvador del mundo. Verdaderamente la Sangre de Cristo el “príncipe de las especies” y un “aroma de purificación” conocido por hacer que el corazón sea blanco y el cuerpo entero. Oh, alabado sea Dios, verdaderamente poco común y costoso perfume. Estos solo se podían encontrar en un solo lugar, solo un sacrificio, solo la sangre del precioso Hijo de Dios. El precio fue grande, el sabor amargo, pero el aroma embriagador, dulce y placentero, trayendo sanidad al cuerpo y al alma. Mas preciosos que todo el oro del mundo son estos dos perfumes; la salvación y la sanidad divina.


“Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama, que son apacentados entre azucenas. Hasta que apunte el día y huyan las sombras, iréme al monte de la mirra, y al collado del incienso” (Cantares 4:5, 6). Cuando los adornos de la Esposa son descritos, Salomón y por lo tanto Cristo ven a la Esposa como poseedora de los atributos de estos dos preciosos y costosos perfumes. Como dos montañas o collados, Dios ha dado la salvación y la sanidad divina a La Iglesia de Dios como doctrinas predominantemente importantes. Al igual que los mellizos, están estrechamente conectados y son similares, ambos provistos por el mismo sacrificio en la expiación. Se ha dicho con razón que es difícil separar la sanidad divina y la salvación; donde se menciona uno a menudo encontrará el otro. El Rey describe a Su esposa teniendo estos atributos de tal belleza y provisión. Su deseo es “Iréme al monte de la mirra, y al collado del incienso.” Se cree que tal vez en el reino de Salomón esos semejantes lugares existían. Sea que existieran o no, él describe a su esposa de esa manera. Como un monte y un collado llena de estos perfumes poco común y costosos y todas sus cualidades. Jesús desea que Su esposa tenga y se regocije en todo lo que Él ha provisto para ella. Él la ve así, pero no está satisfecho con solo verla de esta manera. Él desea llegar a estos lugares. Para hacernos a Su imagen divina. La doctrina es maravillosa, pero Cristo debe estar obrando a través de la doctrina de la Iglesia. Esta imaginería y simbolismo no es exclusivo de El Cantar de los Cantares de Salomón. Cuando Dios llamó a sus hijos de la esclavitud egipcia (pecado), era Su voluntad darles una herencia “una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel.” Esta es una metáfora que usa el simbolismo de la tierra como una madre que alimenta al pueblo de Dios.


“Yo soy muro, y mis pechos como torres, desde que fuí en sus ojos como la que halla paz” (Cantares 8:10).


Cuando los espías regresaron de espiar la tierra prometida, dijeron: “ciertamente fluye leche y miel.” Dios había provisto un lugar con todo para bendecir y sostener a Su pueblo y para que ellos sean “el gozo de toda la tierra.”


Dentro de las páginas de las Sagradas Escrituras está la revelación de la esposa perfecta, santa y hermosa; completamente madura y favorecida por Dios mismo. Ella es un muro de protección y sus pechos como torres. Así como Raquel era hermosa, de lindo semblante y amada por Jacob, así, también es el destino de La Iglesia de Dios. Todos los polvos del mercader nos han sido provistos. Sin embargo, el deseo del Señor es que lleguemos a la madurez. La unción del Espíritu Santo y el poder esperan a una esposa fiel y madura.


“Para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que ordeñéis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria” (Is. 66:11). Qué hermosa esposa el Señor se ha provisto para Sí mismo y Su pueblo. Nosotros no solo predicamos la doctrina. No solo predicamos acerca de la salvación y una y otra vez y fluyó la sangre del Salvador del mundo. Verdaderamente la Sangre de Cristo el “príncipe de las especies” y un “aroma de purificación” conocido por hacer que el corazón sea blanco y el cuerpo entero. Oh, alabado sea Dios, verdaderamente poco común y costoso perfume. Estos solo se podían encontrar en un solo lugar, solo un sacrificio, solo la sangre del precioso Hijo de Dios. El precio fue grande, el sabor amargo, pero el aroma embriagador, dulce y placentero, trayendo sanidad al cuerpo y al alma. Mas preciosos que todo el oro del mundo son estos dos perfumes; la salvación y la sanidad divina.


“Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama, que son apacentados entre azucenas. Hasta que apunte el día y huyan las sombras, iréme al monte de la mirra, y al collado del incienso” (Cantares 4:5, 6). Cuando los adornos de la Esposa son descritos, Salomón y por lo tanto Cristo ven a la Esposa como poseedora de los atributos de estos dos preciosos y costosos perfumes. Como dos montañas o collados, Dios ha dado la salvación y la sanidad divina a La Iglesia de Dios como doctrinas predominantemente importantes. Al igual que los mellizos, están estrechamente conectados y son similares, ambos provistos por el mismo sacrificio en la expiación. Se ha dicho con razón que es difícil separar la sanidad divina y la salvación; donde se menciona uno a menudo encontrará el otro. El Rey describe a Su esposa teniendo estos atributos de tal belleza y provisión. Su deseo es “Iréme al monte de la mirra, y al collado del incienso.” Se cree que tal vez en el reino de Salomón esos semejantes lugares existían. Sea que existieran o no, él describe a su esposa de esa manera. Como un monte y un collado llena de estos perfumes poco común y costosos y todas sus cualidades. Jesús desea que Su esposa tenga y se regocije en todo lo que Él ha provisto para ella. Él la ve así, pero no está satisfecho con solo verla de esta manera. Él desea llegar a estos lugares. Para hacernos a Su imagen divina. La doctrina es maravillosa, pero Cristo debe estar obrando a través de la doctrina de la Iglesia. Esta imaginería y simbolismo no es exclusivo de El Cantar de los Cantares de Salomón. Cuando Dios llamó a sus hijos de la esclavitud egipcia (pecado), era Su voluntad darles una herencia “una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel.” Esta es una metáfora que usa el simbolismo de la tierra como una madre que alimenta al pueblo de Dios.


“Yo soy muro, y mis pechos como torres, desde que fuí en sus ojos como la que halla paz” (Cantares 8:10).


Cuando los espías regresaron de espiar la tierra prometida, dijeron: “ciertamente fluye leche y miel.” Dios había provisto un lugar con todo para bendecir y sostener a Su pueblo y para que ellos sean “el gozo de toda la tierra.”


Dentro de las páginas de las Sagradas Escrituras está la revelación de la esposa perfecta, santa y hermosa; completamente madura y favorecida por Dios mismo. Ella es un muro de protección y sus pechos como torres. Así como Raquel era hermosa, de lindo semblante y amada por Jacob, así, también es el destino de La Iglesia de Dios. Todos los polvos del mercader nos han sido provistos. Sin embargo, el deseo del Señor es que lleguemos a la madurez. La unción del Espíritu Santo y el poder esperan a una esposa fiel y madura.


“Para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que ordeñéis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria” (Is. 66:11). Qué hermosa esposa el Señor se ha provisto para Sí mismo y Su pueblo. Nosotros no solo predicamos la doctrina. No solo predicamos acerca de la salvación y del favor de Dios. Dios nos ha llamado a estar separados y únicos, el cuerpo de Cristo. Ciertamente la carne, el mundo y el diablo tratarán de obstaculizarnos y disuadirnos. Pero debemos avanzar, confiar y obedecer. Citando a nuestro pasado Supervisor General, Robert J. Pruitt, “Cada uno de nosotros, todos y cada uno de los miembros, y todos y cada uno de los ministros, sin excepción, deben entrar en la mentalidad de ‘avanzar hacia la perfección.’” ¡Oh, que gloria le espera a La Iglesia de Dios mientras avanzamos más cerca de Aquel que está liderando! Pronto la Iglesia de Dios cumplirá las Escrituras. Porque ciertamente se habla de un Rey y Su esposa, “¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo, sahumada de mirra y de incienso, y de todos polvos aromáticos?” (Cantares 3:6).

 

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