OTROS ESTUDIOS

Estudios de La Iglesia de Dios

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

"Y Dios habló todas estas palabras, diciendo”. (Éxodo 20:1)

Después que Dios había librado a los hijos de Israel de la esclavitud egipcia, había algunas cosas que Él requería de ellos (como Él hace con nosotros hoy en día, cuando somos librados por Él de la esclavitud del pecado). Dios Mismo dio los Diez Mandamientos. (Léase a Éxodo 19:8.) Fíjense que aún antes de que ellos supieran lo que Dios había mandado, quedaron en ser obedientes en todo lo que Él había dicho. Este es un pensamiento interesante, precisamente teniendo en cuenta cómo el pueblo cuando se arrepentía a menudo prometía hacer “algo” para estar libre del peso de su pecado.

Esta lección tiene el propósito de ser sólo una perspectiva general breve de los Diez Mandamientos. Los primeros cuatro mandamientos tratan sobre nuestras relaciones con Dios: 1) No tendrás dioses ajenos delante de mí. 2) No te harás imagen. 3) No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano. 4) Te acordarás del día de reposo, para santificarlo. Los últimos seis mandamientos corresponden a nuestras relaciones el uno con el otro: 5) Honra a tu padre y a tu madre. 6) No matarás. 7) No adulterarás. 8) No hurtarás. 9) No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. 10) No codiciarás. (Léase también a Mateo 22:36-40.)

Estos son algunos de los principios más básicos de la fe cristiana. Cada uno de estos mandamientos se hallan de alguna manera u otra en el Nuevo Testamento, dando autoridad al hecho de que los cristianos hoy en día aún deben ser obedientes a ellos. Si la sociedad en general se concentrara en estos mandatos y todos actuaran en obediencia, no habría homicidio, ningún adulterio, ningún robo, ninguna mentira, ninguna avaricia, etc. ¿No les recuerda eso el estado del globo terráqueo durante el reinado milenario por venir? Un reinado, por cierto, que será bajo el Gobierno Teocrático.

I. El Primer Mandamiento

“Yo soy JEHOVÁ tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Ex. 20:2, 3). Hay el único Dios verdadero. El hombre ha tratado de hacer dioses de cada cosa concebible bajo el sol, incluso el sol. Sin embargo, Dios no compartirá Su gloria con ningún dios hecho por el hombre, y Él ha dado el mandato de que no pongamos alguna cosa antes que a Él. “Y Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento” (Marcos 12:29, 30).

II. El Segundo Mandamiento

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, de los que me aborrecen, Y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos” (Ex. 20:4-6). ¿Acaso alguna vez usted ha visto una estatua de Buda en un restaurante? Es un objeto que, para algunas personas, representa a su dios. Algunas personas quieren un objeto en el cual ellas puedan orar, pero el único Dios verdadero ha mandado de otro modo. Hechos 17:29 dice, “Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos de pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte e imaginación de hombres”. Dios no es un objeto de ser venerado. Ninguna imagen hecha por el hombre podría hacer justicia al Dios que es majestuoso. Él quiere que nuestra adoración a Él sea en Espíritu y en verdad. Podemos arrodillarnos en reverencia y honra, orar a Dios dondequiera porque Él no puede ser limitado a una imagen tallada. Él está en todas partes, siempre, ve todo y sabe todas las cosas. Este mandamiento viene con una advertencia severa acerca de la desobediencia, pero también con una promesa preciosa para todos aquellos que procuran hacer todas las cosas que Dios les ha mandado.

III. El Tercer Mandamiento

“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éxodo 20:7). Siempre debemos usar el nombre de Dios respetuosamente ya sea hablándole a otros de Él, en el cantar, en la alabanza o en la oración. Muchos usan el nombre de Dios como una palabra de maldición, incluso palabras dichas en un momento de ira o frustración. A veces, la gente usa Su nombre (Dios, Jesús, Señor) sin propósito, fuera de hábito, o dirá o usará iniciales que representan Su nombre. Las exclamaciones sin sentido nunca deben incluir el nombre precioso de nuestro Dios. Cuando Jesús les enseñaba a los discípulos a orar en Mateo 6:9 proclamó, “...Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre”.

IV. El Cuarto Mandamiento

“Te acordarás del día de reposo, para santificarlo: Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; Mas el séptimo día será reposo para JEHOVÁ tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto JEHOVÁ bendijo el día de reposo y lo santificó” (Ex. 20:8-11). El Sábado era un tipo y sombra de Cristo. Su venida se cumplió en que así como Él ES nuestro Sábado; Él es nuestro reposo. Debemos aceptar a Él, Su voluntad, y Su trabajo. “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo...” (He. 4:9-11). Jesús es nuestro reposo, no sólo un día, sino todos los días, cada minuto. Permanezcamos en Él. (Véase a Mateo 11:28.)

V. El Quinto Mandamiento

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que JEHOVÁ tu Dios te da” (Éxodo 20:12). Dios es nuestro Padre Celestial. Él se merece y espera de nosotros nuestro respeto y honra. Él estableció la ordenanza de la familia con padres como autoridad. A causa de eso, Él también ha mandado que los hijos traten a sus padres con honra. Este mandamiento es muy importante que viene con una promesa. El honrar a los padres es seguido por la promesa de larga vida aquí en tierra. “Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa) (Ef. 6:2).

VI. El Sexto Mandamiento

“No matarás” (Éx. 20:13). La vida humana es importante para Dios. Él nos ha mandado a no destruir la vida preciosa que Él ha creado. No quiere que nos matemos el uno al otro (homicidio), nosotros mismos (suicidio), niños no nacidos aún (aborto), ni el enfermo (eutanasia). Jesús, cuando hablaba acerca de la vida eterna, reafirmó que este era un mandamiento que había que obedecer (Lucas 18:18-22).

VII. El Séptimo Mandamiento

“No cometerás adulterio” (Éx. 20:14). Muy esencialmente, el adulterio trae consigo las relaciones sexuales entre personas en cierto modo teniendo como resultado la inmoralidad. Jesús trajo luz adicional sobre este mandato en el Nuevo Testamento cuando Él dijo, “...todo el que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón” (Mt. 5:28). El séptimo mandamiento se entiende fácilmente en vista de los pasajes de la Biblia correctamente divididos disponibles en la Palabra de Dios. Lamentablemente, la mayor parte del mundo religioso ha tomado este asunto y lo ha tergiversado de tal manera para confundir y descarriar a muchos.

VIII. El Octavo Mandamiento

“No hurtarás” (Éx. 20:15). Hurtar es un pecado. Es tomar intencionalmente algo que no pertenece a usted sin permiso. Una de las 29 Enseñanzas Prominentes de la Iglesia habla sobre la restitución, un aspecto de que es el acto de restaurar algo injustamente tomado. (Léase a Lucas 19:8, 9.)

IX. El Noveno Mandamiento

“No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éx. 20:16). Este mandamiento sirve para proteger el carácter y la reputación de una persona. El vocablo falso significa que no es verdadero. La Biblia nos dice que nuestro prójimo es alguien con quien nos comunicamos. Las palabras intencionales o aún desconsideradas, que puede que sean o no verdad, puede hacer a una persona perder su reputación u ofenderse excesivamente. (Véase a Santiago 3:10, 13, 14.)

X. El Décimo Mandamiento

“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éx. 20:17). El vocablo codiciar significa desear con ansia o anhelar algo que no le pertenece a usted. ¡Concentrarse o consumirse en pensamientos tales como, “¡Quiero sus zapatos! ¡Quiero su vestido! ¡Quiero su carro! ¡Quiero su casa!” puede llevar a la codicia. Esto es sólo una lista limitada de las cosas que Satanás utiliza para provocar envidia en los corazones de todos aquellos que prestarán atención. La envidia puede, a menudo, intensificarse en las personas causándoles también quebrantar otros mandamientos, tales como hurtar, adulterar, e incluso matar. La avaricia viene del corazón del hombre y es malo. (Refiérase a Marcos 7:19-23.) En cuanto a quebrantar un mandamiento para no codiciar, una persona demuestra una actitud de descontento con lo que Dios le ha dado y falla en cuanto a amar a sus prójimos. Romanos 13:10 amonesta, “El amor no hace mal al prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley”.

CONCLUSIÓN

¿Acaso a veces protestamos (¡cómo debemos!) de que los Diez Mandamientos no se permiten anunciarse en ciertos lugares públicos, pero consideramos que muchos de nosotros ni siquiera nos hemos aprendido a estos de memoria? ¿Acaso los ponemos por obra en nuestros hogares donde tenemos la libertad de hacerlo? ¿Los guardamos ante nosotros y se los enseñamos diligentemente a nuestros hijos? Cada cristiano debe ser un estudiante de la Biblia, y cada estudiante, no importa la edad, se debe animar a memorizarse los Diez Mandamientos y a enseñar estos a las generaciones venideras.

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