EL CUERPO DE CRISTO

Estudios de La Iglesia de Dios

El Reino De Dios

M. A. Tomlinson - Supervisor General

"Durante el curso de Su ministerio, Jesús fue cuestionado bastante sobre diversos asuntos. Los judíos estaban familiarizados con las profecías que habían sido proferidas concernientes a Su nacimiento y Su obra. Fue por tal razón el que ellos tuvieron tantas ideas preconcebidas tocante a cómo éstas serían cumplidas. En diversas ocasiones, Sus acciones o las cosas que El dijo, no eran entendidas por aquéllos que le acompañaban o seguían. A esto se debió el que Sus seguidores más allegados tuvieran que formularle preguntas. Otros le hacían preguntas con la intención de obtener declaraciones que pudieran ser usadas como evidencias contra El.

El fue cuestionado en diversas ocasiones con relación al reino de Dios. Una vez los discípulos se reunieron y le preguntaron: " ... Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo? (Hechos 1:6) En una ocasión previa, los fariseos le preguntaron respecto a cuándo vendría el reino de Dios. La contestación de Jesús fue: "El reino de Dios no vendrá con advertencia; ni dirán: Helo aquí ó helo allí : porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está." (Lucas 17:20, 21) En Su contestación a la pregunta de Pilato, Jesús manifestó: "Mi reino no es de este mundo .. . "

Las preguntas continúan existiendo en las mentes de muchos cristianos sinceros concernientes a la naturaleza exacta del reino de Dios. Un área importante que podría producir confusión es aquélla en la cual se establece la diferencia entre el reino de Dios y la Iglesia de Dios. La mayoría de las denominaciones religiosas de nuestra época enseñan que un cristiano viene a ser miembro de la Iglesia a través del acto del nuevo nacimiento. La conclusión lógica de esta idea errónea es que todos los cristianos en todos los lugares son miembros de la Iglesia. Esto conduce a la suposición de que el reino de Dios y la Iglesia de Dios son una misma cosa y que ambos términos son recíprocos o correspondientes.

Hay ciertos pasajes bíblicos que parecen ser conclusivos, los cuales, si son tomados sin darles la consideración necesaria a otros pasajes que tratan sobre el mismo tema, es posible el que alguien sea guiado a creer que no hay salvación fuera de la Iglesia. Este es el resultado de la falsa suposición respecto a que el reino y la Iglesia son la misma cosa. Sin embargo, un estudio cuidadoso de la Biblia nos mostrará las muchas diferencias existentes entre el reino y la Iglesia, haciendo evidente el que ambos no son la misma cosa.

Puesto que Jesús declaró que el reino de Dios no viene con advertencia, entonces es invisible o no puede ser visto. Si el reino no se puede ver, entonces no puede ser lo mismo que la Iglesia, puesto que la Iglesia es un cuerpo visible. Recuerde que Jesús le dijo a los discípulos, quienes eran el principio de la Iglesia:

"Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder." (Mateo 5: 14) No es razonable decir que el reino de Dios, el cual es invisible y no viene con advertencia, sea lo mismo que la Iglesia de Dios, la cual es visible.

El reino invisible no pudo tener una congregación local visible como a la que Pablo se dirigió cuando dijo: "A la iglesia de Dios que está en Corinto . . . " La naturaleza visible de la Iglesia es enfatizada otra vez por Pablo en su carta a los corintios: "Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte." ( 1 Co. 12:27) "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo ... ?" (1 Co. 6:15) Siendo que la Iglesia está formada de cuerpos de carne y sangre, unidos visiblemente, entonces no podría ser lo mismo que el reino, el cual, según las palabras de Jesús, no viene con advertencia (visibilidad).

Otra diferencia entre el reino y la Iglesia es evidente en la manera en la cual se entra al reino de Dios y a la Iglesia. Una persona entra al reino de Dios a través del acto del nuevo nacimiento. Jesús le dijo a Nicodemo : " ... De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios." (Juan 3:3) Las experiencias de la salvación, regeneración, santificación y del bautismo del Espíritu Santo son invisibles, mas no son la Iglesia de Dios. La entrada al reino de Dios viene al individuo a través de la experiencia del nuevo nacimiento como resultado del arrepentimiento y la fe en Dios. El reino de Dios es el canal a través del cual las experiencias de la salvación operan.

Así que, el reino de Dios, al cual se entra a través de la experiencia invisible de la salvación, no puede ser la misma cosa que la Iglesia de Dios, ya que la Iglesia de Dios está compuesta de cuerpos visibles y reales. A la Iglesia de Dios se entra a través de un pacto o acto visible de unión. Es obvio el que una persona no puede unirse a un cuerpo invisible. El recibir el pacto de membresía en la Iglesia de Dios es un acto público. En el relato de los eventos en el Día de Pentecostés, como está registrado en el segundo capitulo de los Hechos, aparecen estas palabras: " ... y fueron añadidas a ellos aquel dia como tres mil personas." (Hechos 2:41) Una lectura cuidadosa de este pasaje nos indicará que ellos fueron añadidos a la Iglesia después de haber recibido la Palabra con gran gozo y después de ser bautizados. Hechos 2:47 nos dice: " . .. y el Señor añadía cada di a la iglesia los que habían de ser salvos."

Al reino de Dios se entra a través del nuevo nacimiento, empero la Biblia señala que una persona viene a ser miembro de la Iglesia de Dios por medio del pacto. Cientos de años antes del nacimiento de Cristo, los profetas del Antiguo Testamento predijeron la manera en que los miembros serían añadidos a la Iglesia. Isaías escribió concerniente a la Iglesia: "Pues como el mancebo se casa con la virgen, se casarán contigo tus hijos: y como el gozo del esposo con la esposa, asi se gozará contigo el Dios tuyo." Isaías 62:5. Esta comparación está en paralelismo con los escritos de Pablo en el Nuevo Testamento, cuando usó la relación que existe entre el esposo y la esposa, refiriéndose a Cristo y la Iglesia: "Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer, y serán dos en una carne. Este misterio grande es: mas yo dijo esto con respecto a Cristo y a la iglesia.

Estos textos muestran que uno se hace miembro de la Iglesia de Dios de la misma manera en que un hombre y una mujer se unen en santo matrimonio. Lo más importante en la unión de un hombre y una mujer cuando se casan es el voto o pacto tomado ante la debida autoridad. La ceremonia matrimonial une al hombre y a la mujer en un pacto permanente. Jeremías expresó la naturaleza del pacto de membresía cuando escribió: "Preguntarán por el camino de Sión, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntaos a Jehová con pacto eterno, que jamás se ponga en olvido." (Jeremías 50:5)

Muchos hijos sinceros de Dios han sido enseñados que todo cristiano es miembro de la Iglesia de Dios, y que el acto del nuevo nacimiento hace el que un cristiano venga a ser miembro de la Iglesia automáticamente. La Biblia no enseña esto. Según las Escrituras, una persona salva ha sido perdonada de sus transgresiones y como resultado del nuevo nacimiento, viene a ser un hijo de Dios; no obstante, este nuevo nacimiento, y el hecho de ser cristiano, no le hace miembro de la Iglesia automáticamente. Casi todos están de acuerdo que las personas nacen dentro del reino de Dios, pero el error emerge del hecho de que muchas gentes creen también que uno nace dentro de la Iglesia.

Un estudio diligente de los escritos del Apóstol Pablo a las iglesias primitivas, indica que los individuos venían a ser miembros por otros medios muy diferentes al nuevo nacimiento. El escribió a los gálatas como sigue:• " ... los falsos hermanos, que se entraban secretamente . . . " (Gálatas 2:4) Judas también escribió que: " . .. algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes hablan estado ordenados para esta condenación, hombres impíos ... " (Judas 4) Si los hombres hubieran nacido dentro de la Iglesia en aquellos días, de seguro que Judas y Pablo lo habrían sabido, y no habrían hecho referencia a aquéllos falsos hermanos que habían entrado encubiertamente, o aquéllos que entraron secretamente.

El Nuevo Testamento nos dice el cómo el gobierno de la Iglesia debe operar en el trato con los miembros indisciplinados. Aun antes de Jesús ascender al cielo, El dío instrucciones sobre este asunto. "Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra. Y si no oyere á ellos, dílo á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, tenle por étnico y publicano." (Mateo 18:15-17) Es evidente el que la Iglesia primitiva practicó estas instrucciones, ya que tenemos el registro que comprueba el que Pablo escribió a la Iglesia de Dios en Corinto al respecto: " . . . quitad pues a ese malo de entre vosotros." (1 Co. 5:13)

Estos versos muestran que la Iglesia, a través de su gobierno, como es operado por los hombres llenos del Espíritu, tiene la autoridad de excluir a aquellos miembros que rehúsan vivir bajo las enseñanzas y prácticas de la Palabra de Dios. Esto es posible debido a que la Iglesia está compuesta de personas de carne y sangre, y porque uno se hace miembro a través del pacto y no por el nuevo nacimiento. Sin embargo, nadie excepto Dios, tiene el poder de añadir o quitar del reino de Dios, el cual está compuesto de mujeres y hombres nacidos de nuevo. En este punto, es imposible reconciliar la naturaleza visible de la Iglesia de Dios y su gobierno, operando a través del miembro individual, con el reino invisible de Dios.

De las Escrituras podemos leer lo siguiente: ••y en aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea." (Mateo 3:1) En respuesta a su mensaje, muchos se arrepintieron de sus pecados y fueron bautizados. Después de Juan ser puesto en la cárcel, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: " . . . el tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca; arrepentíos pues, y creed al evangelio." Más tarde, mientras Jesús continuaba Su ministerio, llegó el momento en el cual El le declaró a Pedro y a los discípulos que edificarla Su Iglesia : "Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia .. . " (Mateo 16: 18) Estos pasajes hacen más patente que el reino no es la misma cosa que la Iglesia. Juan el Bautista predicó el mensaje del reino. Jesús continuó con este mensaje, pero fue más allá del mismo al establecer la Iglesia de Dios, la cual continuaría Su obra aquí en la tierra.

La relación entre el reino y la Iglesia es mejor comprendida por medio de estudiar la profecía del sumo sacerdote concerniente a la muerte de Cristo: " ... profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados." (Juan 11:51, 52) Pablo se refirió al hecho de que algunos habían sido nombrados supervisores para alimentar la Iglesia de Dios, la cual Jesús compró con Su propia sangre. Jesús oró al respecto, como aparece en el capítulo 17 de Juan, que los creyentes serían uno. De estos versos, tal parece que el creer y el venir a ser hijo de Dios, o el entrar al reino de Dios, no es suficiente para cumplir o ejecutar el plan de Dios; ya que este plan incluye la Iglesia de Dios, en la cual serán reunidos todos los creyentes bajo un pacto y llevados a la misma unidad que existe entre el Padre y el Hijo.

El sistema de denominaciones como lo conocemos hoy, nunca podría lograr esta unidad. Mientras todas las personas de los diversos grupos religiosos que han nacido de nuevo forman el reino de Dios, la Iglesia de Dios está formada o compuesta de aquellos cristianos que se han unido entre sí para formar un cuerpo visible y bajo un pacto, para obedecer a Cristo en todo y para trabajar hacia el tiempo mencionado por Pablo cuando dijo: "De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra." (Efesios 1: 10)

La Iglesia, como existió en los días de Pablo y en la de los escritores del Nuevo Testamento, fue bendecida grandemente, pues estaba completamente inconsciente del denominacionalismo como existe hoy. Aunque ellos profetizaron respecto a las divisiones que vendrían, con todo había una sola organización cristiana para aquel tiempo. Cualquiera que se convirtiera al cristianismo, casi automáticamente venia a ser miembro de la Iglesia de Dios. Varios pasajes del Nuevo Testamento que parecen referirse a todos los hijos de Dios, fueron en realidad escritos directamente a la Iglesia de Dios.

Cuando la Palabra de Dios es dividida correctamente, y cada pasaje recibe la debida consideración, en lo que concierne a las escrituras relacionadas con el mismo tema, entonces es fácil entender que el reino de Dios no es lo mismo que la Iglesia de Dios, puesto que uno es invisible y el otro está compuesto de seres visibles de carne y sangre. Uno entra al reino de Dios a través del acto invisible del nuevo nacimiento y a la Iglesia de Dios a través del acto visible del pacto administrado por la debida autoridad.

Contactenos