OTROS SERMONES

Sermones de La Iglesia de Dios

UNIDAD

Identifica la Iglesia de la Biblia

Webster define unidad como: “la calidad o estado de no ser múltiples: singularidad…una condición de harmonía”. La unidad es una de las marcas identificadoras de la Iglesia de la Biblia. Por cierto que “puede ser una de las marcas más identificables…que la Iglesia verdadera posee…necesaria para hacer a todo hombre ver [la Iglesia y] que Cristo vino y fue enviado del Padre” (Historia y Gobierno, pág. 91 ).

Más allá de simplemente tener el mismo amor y lealtad a Jesús y comunión los unos con otros, la unidad en la Iglesia verdadera es singularidad con Cristo y comunión con los santos; una condición de armonía como consecuencia de 1) los miembros estar en armonía con la doctrina bíblica debido a la revelación divina, y 2) ellos practicar la doctrina bíblica de la misma manera. Significa los miembros ser uno en el espíritu de la Iglesia, “teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 22:0.

La Biblia declara, “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Dt. 6:4). Dios es una Trinidad compuesto de tres personas divinas: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Aunque son personas separadas, sin embargo ellos son uno y trabajan como uno y hablan como uno. No están divididos en ningún asunto ni tampoco tienen diferentes pensamientos. La Trinidad esta en perfecta armonía.

“Ya que la misma naturaleza de Dios es unidad”, entonces se debe esperar que Él requiera que Su Iglesia sea una. “Dios se agrada de la unidad, y Su voluntad es que… [ésta] prevalezca [en el Cuerpo de Cristo]” (La Gloriosa Iglesia de Dios, pág. 99). Jesús oró por la unidad de la Iglesia. “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros” (Jn. 17:11). “Es una unidad que toma su dechado de la unidad de Cristo y Dios (y por inferencia, la unidad de las tres personas de la Trinidad). Esta unidad es de la Iglesia. LA UNIDAD CON DIOS Y CRISTO Y LA UNIDAD DE LOS UNOS CON LOS OTROS, son necesidades indispensables para los miembros de la Iglesia verdadera” (El Cuerpo de Cristo, pág. 28).

La Iglesia de Dios tiene que poseer la unidad y esforzarse por una singularidad perfecta. La Iglesia primitiva experimentó la unidad. Cuando descendió el Espíritu Santo del cielo en el día de Pentecostés, “estaban todos unánimes juntos” (Hechos 21). Toda la Iglesia, que contaba con 120 para ese tiempo, pensaba igual y obedecía todo lo que Cristo mandó a los apóstoles, incluyendo esperar en Jerusalén hasta que fueran bautizados con el Espíritu Santo. A medida que la Iglesia crecía esta unidad continuaba, porque las Escrituras registran, “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones…Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casa, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón” (Hch. 2:42, 46). “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma…” (Hch. 4:32).

Pero aunque la unidad y armonía prevalecieron por un tiempo en la Iglesia primitiva, ella nunca alcanzó el estado de la unidad perfecta que la Iglesia de los postreros días alcanzará según lo profetizado por Isaías. “¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion” (Is. 52:8). Dios sacó a Sion, la Iglesia, de la apostasía el 13 de junio de 1903 para cumplir la profecía y responder a la oración de Jesús. La “meta ideal de la unidad…llegará a ser una realidad factual en la Iglesia verdadera; una unidad que acampará toda la estructura de la Iglesia de Dios; una unidad no sólo en Cristo pero una unidad en doctrina…en propósito…en organización” (Historia y Gobierno, pág. 92).

La unidad bíblica gira alrededor o está basada sobre la única verdadera interpretación de la Palabra de Dios como es revelada por el Espíritu Santo a la Asamblea General de La Iglesia de Dios. La Palabra revelada, que es “toda la Biblia correctamente dividida, el Nuevo Testamento como regla de fe y práctica, gobierno y disciplina”, es el “idioma puro” de la Iglesia; un idioma que proviene de Dios, “para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que de un consentimiento le sirvan” (Sof. 3:9). A medida que el ministerio (los atalayas), en una mente y un parecer, sostengan la divinamente revelada doctrina delante del laicado (los miembros), y el laicado se esfuerce a obedecer y buscar una visión de la misma, de esa manera “la unidad de la fe” se realizará en el Cuerpo de Cristo. Recuerde, nadie conoce todo cuando de primero llega a ser miembro, pero debe ser enseñado el “idioma”, los caminos y prácticas por la Iglesia, el pueblo escogido de Dios; ellos deben ser enseñados cómo caminar en armonía con Dios y a paso con la Iglesia.

Además de la doctrina, también tiene que haber unidad de gobierno porque la Biblia enseña sólo “un rebaño, y un pastor”. La Iglesia es el único gobierno divino de Dios, establecido por Jesucristo durante Su ministerio terrenal. Isaías profetizó: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro [Su cuerpo, la Iglesia]…” (Is. 9:6). Cuando Cristo organizó Su Iglesia, Él puso sobre de ella el manto de gobierno y autoridad teocrática; por consiguiente, “el gobierno de Cristo será ejecutado por medio de Su cuerpo, la Iglesia. El hecho de tener solamente una cabeza, indica que solamente habrá un gobierno para los miembros del cuerpo. La Iglesia, la cual es el cuerpo, debe estar sujeta a la Cabeza en todas las cosas…hasta el punto de andar por la misma regla, sintiendo una misma cosa” (La Gloriosa Iglesia de Dios, Pág. 96). Es a través de la operación del gobierno teocrático que la unidad se realiza, y de esa manera se obtendrá la unidad perfecta. “En Judá también [la Iglesia, que es el Judá espiritual] fue la mano de Dios para darles un corazón para cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la palabra de Jehová” (2 Cr. 30:12).

¿Pero que de los cristianos que no son miembros de La Iglesia de Dios? Es el plan de Dios que todo creyente estén en unidad; Jesús oró por esto. “Mas no ruego solamente por éstos (la Iglesia), sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti; que también ellos sean en nosotros una cosa; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn. 17:20, 21). La Iglesia es la maquinaria para efectuar la unidad de los creyentes; este es uno de los motivos por el cual Jesús la organizó. Con respecto a los creyentes que están afuera de la Iglesia, ellos necesitan venir bajo su gobierno divino para poder ser “de un corazón y un alma” . Mientras permanezcan dispersos en todas las iglesias hechas por los hombres, con sus gobiernos hechos por los hombres y diversas doctrina, los creyentes siempre estarán divididos sin importar lo “reunido” que estén estas iglesias o la asociación que ellas formen. Antes de Jesús regresar, Él reunirá todas Sus “otras ovejas” a Su rebaño, la Iglesia, “y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Jn. 10:16).

También tiene que haber unidad de propósito y acción dentro del gobierno divinamente organizado de Dios. El profeta Amos preguntó: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de concierto?” (Amos 3:3). Por lo tanto, todo miembro—tanto ministro como miembro—tendrá que estar “en la misma página”, y en acuerdo (por revelación divina) con respecto a la Iglesia y toda su obra y el objetivo que ella debe alcanzar. Cuando los miembros sean uno en el espíritu de la Iglesia, y unidos en sus esfuerzos respecto a cumplir el propósito de la Iglesia, “unánimes [trabajando y] combatiendo juntamente por la fe del evangelio” (Fil. 1:27), todo el trabajo se hará y el mundo conocerá La Iglesia de Dios de la Biblia.

¿Pero está la Iglesia en unidad? ¿En una voz, cada miembro habla un “idioma puro”? ¿“Vamos por la misma regla, [sentimos] una misma cosa” ? (Fil. 3:16). ¿Estamos guardando “la unidad del Espíritu en el vinculo de la paz”? (Ef. 4:3). El apóstol Pablo escribió, “Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10).

“La Biblia exige unidad entre el pueblo de Dios. Nuestra norma es la unidad y nosotros la queremos. Jesús oró por ella y nosotros queremos que Su oración sea contestada en pro de nosotros…la Biblia está en contra de nosotros tener divisiones y no debemos tenerlas, porque tomamos la sagrada obligación de obedecer la Biblia.

“Seguramente…hay algo en nuestra composición que nos mueve a continuar firmes en la doctrina de los apóstoles. No es nuestro propósito ser alejados de la esperanza del evangelio que hemos oído y recibido.

“Hay que mantenernos unidos y quedarnos tan de cerca de Dios y Su Biblia que el [enemigo] no podrá ni siquiera poner una cuña entre nosotros. Pablo nos describió como perfectamente unidos y bien compaginados. En vez de entretener cualquier cosa que tenga la tendencia de separarnos al grado más mínimo, demos atención a las cosas que nos mantendrán más unidos.

“¡Oh, lo dulce de la unidad!...la queremos…verdaderamente queremos la unidad como seguidores de Jesús y Pablo. La unidad logrará algo. La unidad producirá resultados genuinos” (Mensajes Anuales Históricos, Vol. II, págs. 81, 82).

“El Señor ha establecido el objetivo, y nosotros debemos marchar hacia esa dirección” (Minutas de Asamblea, 1973, pág. 32). “La Iglesia de los postreros días tiene que aceptar el reto de la unidad en la fe. Cuando la Iglesia se convierta en lo que fue predestinada a ser, habrá tal unidad que todos los creyentes ‘hablarán la misma cosa’ y verán ‘ojo a ojo’. Juzgando de los fracasos pasados del hombre, esta es una imposibilidad; sin embargo, juzgando del punto de vista de la Palabra de Dios, no es solamente una posibilidad sinoque también será una realidad” (Historia y Gobierno, pág. 107).

¡Hay que perseguir la unidad, Iglesia de Dios! Cuando todos seamos uno como la Trinidad es uno, la gloria shekhiná del SEÑOR llenará la casa de Dios (cf. 2 Cr. 5:14), y aclarará “a todos cuál sea la dispensación del misterio” (Ef. 3:9). “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos igualmente en uno!” (Sal. 133:1).

Gary Graves, padre - Elizabeth, IN

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